Fragmentos de un navegar inacabado / Dosier de trabajo en construcción

SEDERE

Fluctuaciones de la sed en la cuenca
del río Amazonas

Laura Langa Martínez / Ariel Arango Prada.

" Siempre tenemos tiempo para una historia más,
si podemos sacar tiempo para eso,
estaremos aplazando para siempre
la desaparición del mundo."

Ailton Krenak

El término latino SEDERE,
es la raíz etimológica que compone,
en su unión al sufijo -mentum, la palabra sedimento.
Sedere es sentar, estar sentado, permanecer.
Mentum, el resultado de la acción.

SEDERE. Fluctuaciones de la sed en la cuenca del río Amazonas es un artefacto narrativo en construcción, un archivo inacabado de pensamientos e imágenes, de relatos y materias, que se entrelazan entre sí desde la escritura con palabras de Laura Langa Martínez y con luz de Ariel Arango Prada. Ambas, escrituras del corazón. Un libro artesanal que nace como una invitación a formar parte del proyecto HYDROCOMMONS, Gobernanza medioambiental transfronteriza: Construcciones ciudadanas del derecho en cuencas hidrográficas transnacionales, impulsado por la investigadora Ainhoa Montoya. Investigación que interpreta estas cuencas como ecorregiones que traspasan los límites nacionales y ponen de relieve la integridad y la interdependencia del medio ambiente, con el objeto de entender cómo el agua y su cuidado pueden contribuir a la proliferación de formas de componerse en común que permitan proteger los territorios trascendiendo los diversos tipos de fronteras (geopolíticas, ontológicas, lingüísticas).

Esta colaboración inició con el fin de elaborar un libro anfibio (expositivo o expansivo) que recogiera una cartografía incipiente de las diferentes experiencias y sus confrontaciones caminadas. Un acercamiento compartido al Amazonas que nos demandó una indagación más abierta y una visión caleidoscópica en torno a un territorio, un río, un mundo cada vez más en descomposición.

En 2024, en Colombia se arrasaron 113.608 hectáreas de bosque, de las cuales el 67,9 % correspondía a la región amazónica (77.124 hectáreas), lo que significa un aumento del 43 % respecto al año anterior. La ganadería, la minería legal e ilegal, los cultivos de uso ilícito y las carreteras, entre otros, son su causa fundamental. Solo en el último año se construyeron 1.460 km de vías ilegales, lo que representa una media de 4 km al día. El 90 % de lo deforestado se encuentra a una media de 1,9 km de distancia de estas vías abiertas. (Datos FCDS)

Este libro navega por un paisaje vivo fronterizo, ubicado en la transición entre las tierras del Amazonas y la cordillera de los Andes. Zona limítrofe catalogada como la mayor región biodiversa de un planeta que depende de ella para cuestiones tan esenciales como la regulación del clima.

Como vehículo para narrar, pero también siendo la encarnación propia de la historia, SEDERE articula y mezcla etnografías, revisiones históricas críticas, mapas, fotografías, anécdotas, testimonios, prácticas artísticas, relatos en los márgenes, cartillas, proyectos de investigación, archivos e historias familiares. Capas, palabras e imágenes tratando de poner en duda las categorías, definiciones y miradas herederas de la tradición colonial de la modernidad a la hora de acercarse a este majestuoso territorio.

La cuenca del Amazonas se calcula que puede llegar a ocupar en torno a los 7 millones y medio de kilómetros cuadrados. Y en esos cálculos imposibles se estima que viven más de 390.000 millones de árboles, más de 40.000 especies de plantas, 3.000 de peces. Albergando a casi el 20 % de aves del planeta.



Para ello, SEDERE se construye en sintonía con las reflexiones que ponen en crisis los relatos en torno a lo natural y lo humano, lo rural y lo salvaje. Asimismo, cuestiona aquellos relatos que siguen viendo a la selva y a la cuenca amazónica como un espacio natural y no como un territorio manipulado y transformado durante siglos por las comunidades indígenas de manera altamente sofisticada a partir de patrones espaciales propios –como explora el trabajo del arquitecto Paulo Tavares. Este acercamiento se inscribe en los debates contemporáneos sobre ecología política y poshumanismo. De hecho, es precisamente a partir de una filosofía basada también en los no humanos desde donde podemos reivindicar una nueva forma de relacionarnos con la “temporalidad del planeta que descarte la linealidad y acepte la superposición, los deslizamientos, las flechas del tiempo y la anarqueología o la estratificación como métodos de pensamiento” (La Condición Postnatural).



SEDERE pretende imaginar y proponer capas narrativas, reflexionar sobre la representación visual y material desde un marco de lectura que invite a la conversación, a multiplicar relatos que multiplican mundos. Para lo cual, además se propone una lectura háptica, pues efectivamente un libro es cuestión de tacto. De tocar. De explorar no solo con la mirada sino también con las manos la manera en la que se demanda una atención. De remover capas, de levantar y dejar caer cada hoja. De dotar a la narrativa de la potencia de afectar en una relación sensible a partir de la multiplicidad de las posibilidades narratológicas que la materialidad del hacer libros de manera artesanal permite.

Cuando leemos, dice el escritor Juan Cárdenas, “vamos removiendo capas, una detrás de otra, hasta que comprobamos que la imagen alude a otras imágenes y, casi de inmediato, como si quisiera dejar de ser imagen, la imagen se desborda hacia los márgenes de la percepción y de la memoria”. Movimiento que como analizó Cristina Rivera Garza, es el mismo mecanismo telúrico que desedimenta lo que está alrededor del texto para hacernos las preguntas que vienen de la violencia y que llegan hasta el presente.

¿Cómo se ha concebido la cuenca hidrográfica históricamente? ¿Qué narraciones se tienen de ella? ¿Qué relación mantienen esta con las representaciones e interpretaciones vigentes del Amazonas hoy? ¿Cómo se han ido construyendo los legados y las herencias del río? ¿Cómo ha sido el cuidado de sus aguas? ¿Cómo podrían dialogar los imaginarios de la cuenca amazónica en los distintos momentos históricos?

Como la memoria, el imaginario de un río articula la experiencia pasada con un horizonte de expectativas a futuro. El Amazonas organiza prácticas de vida, lógicas de explotación, procesos de configuración identitaria, canales de movilidad y transporte, y representaciones simbólicas.



La búsqueda de respuestas, orientaciones y consejos nos lleva a poder imaginar otro futuro distinto en este momento de fragilidad ecológica, pérdida de la biodiversidad, deterioro y declive de los ecosistemas, extinción de plantas y animales, contaminación generalizada, eutrofización de los cuerpos de agua, extractivimo salvaje y masivo, ruinas industriales y crisis ético-políticas.

Después de varios años de fluctuar junto al río, de sentarnos a mambear la palabra, de reflexionar sobre el ser y el hacer, y de idas y venidas a la región de la triple frontera amazónica entre Perú, Brasil y Colombia, así como a la cuenca de uno de sus afluentes, el río Putumayo, desde la Editorial Entrelazando compartimos a continuación algunas reflexiones preliminares, desordenadas y en tránsito; un hacer escritural y fotográfico cuyo sentido emana de los significados de la propia cuenca amazónica; fragmentos de experiencias que tienden a conectar, mudar o sobrepasar las maneras en las que percibimos, representamos y nos relacionamos; ideas y conversaciones caminadas,

para comenzar a armar una taxonomía preliminar de sedimentos en procesos anfibios en transformación.

1.

Nada está conectado a todo,
pero todo está conectado a algo.



Donna Haraway

Solo podremos comprender la vida en una cuenca pensando las conexiones que se tejen entre todos los seres humanos y no humanos que se rodean entre sí, se arremolinan, cercan, circundan, retan, esquivan, desvían, acorralan, apabullan, amenazan, sedimentan, vibran alrededor unos de otros en el aleteo, en la palabra y en el canto, en la caída y en el derrumbe, entre corrientes de aire y corrientes de agua. Acciones en las que el sujeto de la oración sufre la acción al mismo tiempo que la realiza. Una reciprocidad de las atracciones y acciones que multiplica los actores, multiplica los relatos que multiplican los mundos.

Aunque a veces esas conexiones pueden ser extremadamente frágiles, o extremadamente pequeñas. Decenas de millones de toneladas minúsculas de moléculas de polvo de las tormentas de arena del desierto del Sahara llegan al Amazonas. De la depresión de Bodélé, una cuenca que hace miles de años estuvo cubierta por el mar que dio origen al lago Chad, se cree que provienen la mayor parte de este polvo del Sahara, que por el viento se transporta hasta el suroeste sobre el Sahel, en dirección al golfo de Guinea desde donde comienza a atravesar el océano Atlántico.

Las intensas precipitaciones y las inundaciones estacionales hacen que el suelo de la selva se desmineralice, necesitando para su salud estas masas de aire seco cargadas de miles de millones de partículas de polvo mineral, la calima.

En el Amazonas todo está conectado a algo y todo tiene flujo de vida.

La toponimia, las marcas espaciales,
los testigos materiales
o la inscripción del pasado en el lenguaje
hacen de una cuenca un archivo
para quien pueda y sepa leerlo.

Ríos voladores.
Río Amazonas.
Ríos subterráneos.

2.

Sentar las palabras

Escarbar narrativamente en los estratos de la historia, la memoria y el territorio como práctica para desedimentar. Levantar capa a capa los sedimentos textuales para evidenciar las huellas sobre las que se habita.

La des-sedimentación remueve las capas acumuladas. La narración es una red material y territorial de experiencias colectivas que pasa por transitar la confusión hacia un entendimiento compartido, firme y con arraigo. Sentar la palabra no es definir, ni fijar límites o fronteras conceptuales es conservarla y darle un asiento para que pueda seguir la palabra.

Palabras de otros. Palabras con traducción. Palabras que vienen de lejos. Para contar estas historias. Pero palabras que son más que palabras:

SEDIMENTO -


1. m. Materia que, habiendo estado suspensa en un líquido, se deposita progresivamente en el fondo por la gravedad de su peso. 2. f. La memoria, la violencia del pasado. Materialidades de ecos. 3. m. Tradición de largas narraciones. Pasos que se asientan. 4. m. Desplazamiento que se subdivide o multiplica en muchos otros.

SED -


1. f. Fuerza vital. Necesidad. Ansias de permanencia. Anhelo profundo de vivir. 2. f. Urgencia existencial de búsqueda. Rebeldía visceral. 3. El agua sacia la sed física. La del corazón, la del alma, la espiritual se sacian en el mambeadero, donde el RAFUE, palabra de los mayores, enseña, aconseja, orienta y da vida.

RAFUE -

1. Tecnología para el pensamiento. 2. Palabra que amanece. 3. Palabra-obra. Palabra con capacidad creativa, transformadora. Movimiento. 4. Palabra que enseña a escuchar. 5. Palabra que suena desde las raíces de los pasos sembrados en la tierra de los pueblos indígenas amazónicos de la gente de centro: Uitoto, Murui, Muinane, Bora. 6. "No se refiere de hecho ni a una «palabra» ni a una «cosa», es la actividad mediante la cual las palabras se transforman en cosas -es el movimiento de lo deseado a lo real a través del tiempo-. Este movimiento está sintetizado en las dos raíces que forman el vocablo rafue: raa «una cosa» e ifue «algo que se dice». Cuando la actividad de rafue apenas comienza, se manifiesta como «palabra» una palabra que nombra lo que busca, una palabra con «poder»; hacia el final de la actividad, rafue se manifiesta como «cosas» - comida, cacería, criaturas, etc.-, lo que se buscaba." (Juan Álavaro Echeverri e Hipólito Candre "Kinerai" en Tabaco frío, coca dulce. Palabras del anciano Kinerai de la Tribu Cananguchal para sanar y alegrar el corazón de sus huérfanos).

Palabras que conforman un Glosario especulativo de términos,
exploración de ideas más allá de la experiencia empírica
planteando realidades de mundos posibles.

3.

Hacer el mapa y no el calco.

La orquídea no reproduce el calco de la avispa,
hace mapa con la avispa en el seno de un rizoma.
Si el mapa se opone al calco es precisamente porque está totalmente
orientado hacia una experimentación que actúa sobre lo real.
El mapa no reproduce un inconsciente cerrado sobre sí mismo,
lo construye. Contribuye a la conexión de los campos […]
El mapa es abierto, conectable en todas sus dimensiones,
desmontable, alterable, susceptible de recibir constantemente modificaciones.
Pude ser roto, alterado, adaptarse a distintos montajes […]
Un mapa es un asunto de performance.

Gilles Deleuze y Féliz Guattari.
Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia.

Gilles Deleuze escribió que la cartografía está hecha de líneas y que cada una de esas líneas representa la vida de alguien. Líneas que nacieron en la obsesión colonial de observar, medir y cuadricular el territorio. De allanar el mundo para hacer la vida legible y gobernable. Disciplinatoria, biopolítica y de vigilancia la cartografía está estrechamente ligada a los aspectos políticos de nuestra cotidianidad.

Herramientas de escritura del relato conquistador que con el tiempo se fueron conectando a las formas contemporáneas de vigilancia, recopilación de datos e información y, más recientemente, a la inteligencia artificial. Pero antes, allá por la década de los noventa, se introdujeron en la sociedad civil y en sus organizaciones, que las hicieron propias en sus luchas y reclamos distanciando la ciencia cartográfica de sus orígenes al servicio de los imperios y sus fuerzas militares.

Existe un mapa del Amazonas dibujado por el jesuita Samuel Fritz, quien estuvo en la Amazonía peruana por casi 40 años. Como una necesidad imperiosa para la misión evangelizadora de la Compañía de Jesús, acompañando la colonización de la región, elaboró este mapa que fue impreso bajo la técnica artesanal del grabado en cobre en 1707. Ahora, Google colabora con el Servicio Geológico de los Estados Unidos y la NASA en la compilación y transformación de millones de imágenes por satélite acumuladas, advierte Jean-Baptiste Vidalou, por el programa Landsat desde hace más de cuatro décadas. Algoritmos que analizan sin cesar las imágenes para detectar incluso las fluctuaciones mundiales de la masa forestal, vanagloriándose Google de ser el primero en ofrecer en altísima resolución el estado de los bosques.

La naturaleza pasó a tener sentido cuando es medible, incluida su destrucción. Por eso este filósofo activista señala en su libro Ser bosque: “no parece descabellado juzgar una época por cómo trata sus bosques. A ésta se la juzgará por cómo mide, píxel a píxel, su propia devastación”.



Nos acostumbramos demasiado a estas representaciones de lo inhóspito y lo exótico hechas desde afuera, y a los mosaicos cartográficos satelitales de colores que vendrán después: manchas, cuadrículas geométricas, demarcaciones, píxeles abstractos y estéticos que geolocalizan una cartografía de la destrucción.

Por una cartografía de los afectos

De las rutinas. De las acciones que se cuentan pequeñas. De las micropolíticas del cuidado. Del cansancio del día a día. De alguien intentando sostener los vínculos, criar, proteger. De la vida que se va construyendo alrededor de sobrevivir, de los afectos. De buscar momentos de calma en medio del ruido. De no querer encajar en el relato de la tragedia permanente. De aquello que no es épico ni heroico, pero evita que todo colapse. De lo más sencillo, aquello que no aparece en la noticia. La vida mientras pasa.

Alto Putumayo [ Piedemonte andino-amazónico ]

Coordenadas 1°10′08″ latitud N y 76°56′43″ longitud O

Entre enero de 2020 y el 19 de agosto de 2025, la Agencia Nacional de Minería (ANM) recibió 136 solicitudes en los departamentos de Putumayo y Cauca para explotar cobre, oro, molibdeno y plata, de las cuales 77 fueron archivadas y 59 siguen en evaluación, según datos de la ANM. De las 59 solicitudes mineras registradas al 19 de agosto de 2025, dos empresas —Libero Cobre, filial de la canadiense Copper Giant Resources, y la colombiana Grupo Minera Sol— concentran el 52 %, según datos obtenidos por la Corporación Uma Kiwe. En junio de 2025 esta transnacional canadiense afirmó controlar 136.425 hectáreas en el cinturón pórfido jurásico de Colombia.

Para estas empresas el territorio está vacío o más bien se trata de vaciarlo. De domesticarlo, despojarlo, borrarlo. Por eso, frente a esto, entre las elipsis de un discurso hegemónico del extractivismo que mapeó sus intereses, hoy se presenta como un desafío cartografiar la vida que está en riesgo. Recopilar las muestras de los desplazamientos de la fauna. Evidenciar que hay vida en protección. Que son zonas de conectividad de animales, corredores ecológicos. Lugares claves para la continuación de la biodiversidad. Lugares ancestrales para los pueblos. Urge recoger las pruebas científicas y sociales, para sustentar consultas previas y demandas legales a futuro; para alimentar las luchas.

Por eso hay quienes ponen cámaras trampa en las noches, para tratar de develar lo que quieren que siga allí. Remoto, escondido, tranquilo en su propio hábitat. El oso de anteojos, el jaguar, la pantera, la danta, el pecarí, el guatín, el chorongo. Alejados de la mano del despojo. Testigos presenciales de los hechos, problematizando la participación desigual y anacrónica de quienes toman las decisiones.

Bajo Putumayo [ Planicie amazónica ]

Coordenadas 0°29′02″ latitud N y 76°30′36″ longitud O

Los relatos y recuerdos coinciden, en los últimos años las poblaciones tericayas han disminuido silenciosamente. Conocidas también como taricayas o charapas pequeñas, estas tortugas de apariencia delicada pareciera que son inmortales, sobreviviendo el paso del tiempo de millones de años. Pero las alarmas suenan mientras su comunicación acústica se silencia, y ya no sólo para el oído humano. Sus sonidos son casi imperceptibles, pero ellas se comunican entre sí: se guían, suenan en las migraciones, emiten bufidos fuera del agua como señal de alarma. E incluso dicen que se comunican antes de nacer con el sonido de los golpes contra la cáscara, lo que les permite sincronizar el momento exacto del nacimiento para salir todas juntas.

Pero su captura para el comercio de mercados urbanos, por el consumo de su carne y huevos, para su venta como “mascotas” e incluso para hacer llaveros, junto a la contaminación de las aguas, la erosión, la socavación y explotación del río Putumayo, hacen que cada vez se escuchen menos estas tortugas y más los ruidos que distraen la posibilidad de escucha.

Silencio dice la escritora Lola Nieto, deriva de silentium y silere, que al parecer proceden de una raíz anterior a la latina, sei, cuyo significado es «caer, tirar»; de ahí la palabra semilla, por ejemplo. La semilla cae y da fruto. Quien está en silencio deja caer el habla para que dé fruto. Tira las palabras a la tierra y espera a que germinen. Estar mudo es estar cargado de ruidos que ensordecen. Estar en silencio es aguardar la floración sonora.

En silencio, de las acciones de unas pocas familias y vecinas de una vereda en Puerto Asis recae la posibilidad de que en las aguas del Putumayo sigan sonando las tericayas. Desde hace varios años, especialmente una familia de pescadores del barrio Brisas del Hong Kong, en cabeza de Luz Amparo, ha aprendido a identificar los nidos en las playas para recoger, cuando todavía son huevos, a cientos de ellas. Las acompañan en su nacimiento, ven cómo se endurecen sus caparazones y durante meses las alimentan para devolverlas al río, esperando que su ciclo continúe.

Leticia - Complejo lagunar de Yahuarcaca [ Trapecio amazónico ]

Coordenadas 4° 07´ a 4°13´ latitud S y 69°59´a 69°56´ longitud W

Lo comunitario se hace central para transformar los modelos de relacionarnos. Yahuarcaca es un complejo lagunar de agua dulce en constante movimiento, un archivo de la memoria anfibia de los pueblos Magüta, Kokama y Yagua (gente de agua), quienes lo habitan en sus ciclos de inundación y de estiaje. Es aquí, en estos lagos, en las quebradas y en los bosques de várzea que crecen y decrecen, donde está la preocupación por la sedimentación y desecamiento de sus canales conectores. Es aquí, en estas más de 1.000 hectáreas que algunos consideran el “patio trasero” de Leticia, donde convergen las aguas blancas del río Amazonas y las negras de la quebrada Yahuarcaca.

Es aquí donde el crecimiento urbano de Leticia, las nuevas técnicas y artes de pesca como las mallas de nailon, la ruptura de la transmisión tradicional y las lógicas del mercado externo han conducido a la sobrepesca, comprometiendo la soberanía alimentaria de la región y provocando la desaparición o el descenso numérico de sus peces: bocachicos, lisas, dormilones, bujurquis. Es aquí donde desde hace más de 20 años se constituyó la Organización de Pescadores Artesanales de las Siete Comunidades del Sistema Acuático de los Lagos Yahuarcaca, TIKA, la cual conecta conocimientos de la autodenominada “ciencia” —a través de la Universidad Nacional y del SINCHI— y de la otra ciencia, de esa de quienes llevan toda su vida y la de sus antepasados pescando, para tratar de recuperar y proteger el sistema lagunar, asegurando con ello el sustento diario de las familias.

Con planillas de registro, balanzas y metros, monitorean la salud de la laguna. Documentan las especies, contabilizan y miden las capturas; verifican el tamaño de las mallas y el cumplimiento de los acuerdos comunitarios de pesca que comenzaron a formularse antes incluso de conformarse como TIKA.

Pero cuando la escasez aflora, todo se vuelve más contradictorio, y finalmente, quién afecta más a un río: la pesca artesanal para dar de comer a una familia o las otras prácticas del despojo mercantil.

El extractivismo no es solo una actividad económica; es un patrón de poder colonial que avanza despojando territorios y economías de subsistencia. No hay equivalencia posible: la huella de quien pesca para alimentar la memoria y el cuerpo de su comunidad es una caricia sobre el agua, mientras que el despojo mercantil es una máquina ciega que mide el paisaje solo para calcular las tasas de su propia ganancia.

Maristella Svampa.

4.

Testigos materiales

Alguien no humano que archiva sus interacciones con lo que le rodea, produciendo en sí mismo transformaciones que pueden ser decodificadas para narrar un suceso. Un testigo es alguien que alberga en sí la evidencia del evento participando en una construcción política que conecta lo universal con lo particular.

Dendrocronología de la desecación

En los anillos de crecimiento de los árboles está escrito si la cuenca del Amazonas se está secando o no, como pareciera con las consecuentes sequías extremas de 2023 y 2024. La ciencia y sus informes confirman que 2024 fue el sexto año consecutivo con un ciclo hidrológico alterado a nivel global (OMM). El puerto de Manaos registró los 12,68 metros, el nivel más bajo dicen desde que comenzaron las mediciones en 1902. Mayor incluso que el año antepasado cuando cientos de delfines rosados y grises aparecieron muertos en el lago Tefé por el sobrecalentamiento de las aguas que rozaron dicen los cuarenta grados.

Cada vez que el agua cambia de estado deja una marca química escrita en el árbol, cuya lectura dendrocronológica afirma que en las últimas cuatro décadas se han intensificado los extremos, lluvias más intensas en la estación húmeda y sequías más prolongadas en la seca. La intensificación del ciclo hidrológico de la cuenca se está volviendo cotidiana: causa consecuencia de su despojo.

En la época de lluvias el agua del río puede subir hasta los 15-20 metros, en época de sequía, su piel queda al descubierto. Las zonas inundadas pueden extenderse a más de 10 kilómetros a partir de su cauce. Estos bosques inundados reciben el nombre de igapós, caracterizados por aguas oscuras y ácidas, los cuales pueden llegar a cubrir el 2% de la cuenca del Amazonas. Pero la intensificación de su ciclo hidrológico sufriendo en los últimos años graves sequías y graves inundaciones, hacen que todo se pueda alterar.

En el denominado “arco de fuego” o “arco de deforestación” -que incluye el noroeste amazónico colombiano: Caquetá, Guaviare y Meta- dada la acción humana, ya se escucha que el Amazonas está en proceso de transición de un ecosistema predominante de selva con estación seca corta a un ecosistema de sabana con estación seca prolongada.

Tejido botánico: Mauritia fleixuosa

El canangucho, el aguaje o el moriche, según quien lo nombre, es una palma que habita los humedales boscosos ubicados en la Amazonía. Una palma que, en su delicado equilibrio, crece como reservorio de agua. Cuyas raíces se mueven densa y porosamente bajo el suelo, reteniendo grandes cantidades de agua de muchas lluvias que volverán a fluir libremente en tiempos de sequía. Raíces que le permiten sobrevivir en suelos ácidos y sin oxígeno. Los cananguchales son extensas turberas amazónicas.

Arquitecto del agua amazónica. Filtro del tiempo. Testigo de la salud de la cuenca. Cada gota de agua que pasa por las raíces de un canahuchal deja atrás los sedimentos que la acompañan para emerger al otro lado como tan solo una gota.

El canangucho convoca al agua. La llama. Es agua. Testigo material, su ausencia narra y alarma del desastre ecológico. De la desecación de la memoria de la cuenca.

La Amazonía constituye el 40 % de la biomasa superficial de las selvas tropicales del mundo, es decir, una de las grandes reservas globales de carbono. Los cálculos dicen que equivale a más de 10 años de emisiones mundiales de combustibles fósiles.

5.

A manera de poemario.

Ino Moxo enumera las pertenencias del aire:

" No solamente el grito de los monos escuchas, no solamente el zumbido del zancudo, de la arambasa que es la abeja más brava y más oscura, del chinchileho que seguramente llamarás libélula, del chushpi que te infecta al picar, de la carachupausa que sangra sin aviso, no solamente oyes a la ronsapa siseando en el aire, a la mantablanca que bebe tu cabello, a la quilluavispa de vuelos amarillos, el papási que nace de gusanos pero que no es gusano, a la wairanga que nunca toca el suelo. […]

Y la lupuna en las orillas con sus alas inmóviles, blancas o coloradas, a flor de tierra, el más grande los árboles de toda esta Amazonia. Y ese otro que se infla y revienta peor que cientos de balas en la noche, en lo adentro del bosque, y el renaco creciendo más que bosque sin hojas y sin flores, y el garabatokasha que sana varios tipos de cáncer y disuelve lo torpe de las articulaciones que envejecen, y el tamshi te aleja del frio […]

Y más que nada suenan los pasos de los animales que ha sido antes de humano, los pasos de las piedras y los vegetales y las cosas que cada humano ha sido. Y también lo que uno ha escuchado antes, todo eso suena en la noche de la selva. Dentro de uno mismo suena, en los recuerdos lo que uno ha escuchado a lo largo de la vida, bailes, y pífanos y promesas y mentiras y miedos y confesiones y alaridos de guerra y gemidos de amor. Voces de agonizantes que uno ha sido o que uno ha escuchado solamente. Historias ciertas, historias de mañana. Porque todo lo que uno va a escuchar, todo eso suena, anticipado, en medio de la noche de la selva, en la selva que suena en medio de la noche.

La memoria es más, es mucho más, ¿lo sabes? La memoria verídica conserva también lo que está por venir. Y hasta lo que nunca llegará, eso también conserva. Imagínate. ¿Quién va a poder oírlo todo, dime tú? ¿Quién va a poder oírlo todo, de una vez, y creerlo?... "

Cesar Calvo
Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía.

Ahora dejamos de escuchar las pertenencias del aire para comenzar a escuchar otros sonidos que nos traen otros listados:

- No solamente la violencia de Comandos de la Frontera en el Putumayo y en la frontera ecuatoriana, no solamente la de Comando Vermelho (CV), o la del Estado Mayor Central (EMC) que ahora tomó este nombre tras acuerdos que traen cambios de brazaletes, desarmes y armes, también se escucha la del Estado Mayor de Bloques y Frente (EMBF), la de Primeiro Comando da Capital (PCC) con capacidad transnacional, o la del Ejército de Liberación Nacional (ELN), la del Primeiro Comando da Panda (PCP) y sus vínculos con redes carcelarias locales brasileñas, la que llaman Familia del Norte (FDN) y su escisión Os Crias, la de los Piratas dos Solimoes que asaltan cargamentos y mercancías en el río, los llamados Cabezones, clanes de familias del Perú que asentados frente a Tabatinga/Leticia y se dedican al cultivo intensivo e ilegal de la hoja de coca . No solamente la de Tropa do Rei (TDR) o la de Los Choneros, la de Nueva Generación, la del B13, la del Tren de Aragua y los rápidos del Amazonas, la del tren Guayana en la Amazonía venezolana la cual controla los yacimientos de oro ilegal, también las autodefensas Gaitanistas de Colombia, las cuales se extienden hacia los márgenes de la cuenca, y también esos nuevos grupos en expansión en el Ecuador se escuchan como Los lobos, los Chone Killers y la disidencia de los Tiguerones. Más que nada todas y todos suenan. Todos conformados por historias de reclutamiento, de necesidad, de supervivencia, de modos de hacer y de pensar, de modos de sobrevivir, de expulsar, de conquistar, de decaer.

Todos y todas suenan en las balas y en el dolor.

- No solamente suena el grito de la tierra y el flujo constante del agua cuando se extrae el Oro, no solamente es el sonido opaco o grave al ser golpeado el Hierro puro en su color gris plateado, de la Roca sedimentaria blanda y terrosa con sus colores cálidos, la Bauxita, cuyo sonido al golpearse es mínimo, del Manganeso gris blanquecino con su leve tendencia al rosado o sus otros colores en estados de oxidación, del grito del Cobre al extraerse en Mocoa con su apariencia rojiza brillante cuando impacta la maquinaria en las rocas, de las tierras raras como el Neodimio, el Disprosio y el Praseodimio, que tras su extracción se convertirán en imanes de alta potencia en micrófonos y parlantes, de ruidos mecánicos de la extracción del Coltán, del Tantalio, del Niobio, de la trituración de rocas, del rugido de molinos gigantes o del burbujeo de celdas de flotación cuando se extrae el Molibdeno, el Litio, el Cobalto, el Estaño, la Casiterita, el Tungsteno, el Niobio y el Níquel. Y más que nada suena también desde hace mucho las prospecciones sísmicas y los ruidos constantes repetidos en miles de hectáreas, vibraciones, sonidos de alta turbulencia producidos por compresores, bombas, turbinas y balancines en la extracción de Petróleo; …

¿Quién va a poder oírlo todo, dime tú?
¿Quién va a poder oírlo todo, de una vez, y creerlo? …

6.

Colonialismo verde

El adjetivo es el verde. Extractivismo verde. Energías verdes. Capitalismo verde. Todo dicen que es mucho más limpio y respetuoso con el medio ambiente. Un nuevo paradigma de organización industrial y urbana: la transición energética. Un cambio en el modelo de acumulación que ha intensificado notoriamente la expansión de megaproyectos de extracción y exportación de los bienes naturales. Canteras a cielo abierto para abastecer el mercado internacional, amputando la ecología, en palabras de Gudynas, de los pueblos, mientras las ganancias se concentran en manos de las multinacionales. El extractivismo instala una dinámica vertical que irrumpe en los territorios desapareciendo la biodiversidad, favoreciendo el acaparamiento de tierras, la expulsión de comunidades, contaminando las aguas, violentando los procesos de resistencia.

Nada ha cambiado, excepto el adjetivo, porque el modelo de saqueo, violencia, dependencia y crisis climática sigue siendo el mismo. El presente colonial se mantiene.

Entre enero de 2020 y mediados de agosto de 2025, la Agencia Nacional de Minería, ANM, recibió 136 solicitudes en los departamentos de Putumayo y Cauca para explotar cobre, oro, molibdeno y plata. El 27 de junio de 2025, Giant Copper Resources Corp, compañía matriz de Libero Cobre, anunció públicamente que había adquirido 12 solicitudes al Grupo Minera Sol S.A.A ubicadas en el piedemonte andino-amazónico. Con ello, afirma controlar 136.425 hectáreas en el cinturón pórfido jurásico de Colombia. Su objetivo principal es el yacimiento de cobre y molibdeno de Mocoa, al cual caracteriza como “uno de los mayores recursos no desarrollados de su tiempo en América.” “El éxito reciente en la exploración ha revelado un potencial que trasciende con creces su alcance original -aseguran-, lo que convierte a Mocoa en una oportunidad más amplia a escala de distrito y en catalizador del nombre y la evolución de la compañía”.

Este yacimiento fue “descubierto” allá por 1973, cuando los colores de las rocas a orillas de las quebradas Chapulina y Tosoy mostraron una de las reservas de cobre y molibdeno más grandes de toda Latinoamérica. Las mineras cifran en al menos 4,6 billones de libras de cobre y 504 millones de molibdeno. Ambos minerales que funcionan como conectores para sistemas informáticos, y que son fundamentales en la fabricación de teléfonos móviles, satélites, radares, vehículos eléctricos, paneles solares y, también, para la fabricación de municiones, armas y proyectiles de alta precisión.

Desde entonces, no han sido pocos los intentos por explotar este depósito mineral: Ingeominas desde 1980, posteriormente en 2004, AngloGold Ashanti, Mocoa Ventures en 2008 y la vigente, Libero Cobre (Giant Copper Resources Corp).

En las inmediaciones de la vereda Pueblo Viejo y Montclar (Mocoa), se encuentra 1 de los 4 títulos activos de esta minera en esta región, -lo que afecta a 7.830 hectáreas-, el título minero FJT-141. Aquí los taladros suenan desde hace tiempo cuando perforan con brocas de diamante y agua inyectada a presión el suelo del piedemonte andino-amazónico, buscando las zonas de mayor concentración de minerales en un área que también es zona de reserva ambiental.

Pero para extraer esta riqueza minera se necesitan carreteras adecuadas al transporte pesado de mercancías. Esta ha sido la mayor dificultad y el freno para los intereses de las transnacionales. Si bien, la inconclusa pero ya avanzada Variante San Francisco – Mocoa, que se vende como “infraestructura verde” al servicio del “progreso y el bienestar” de las comunidades, será la cómplice del saqueo al habilitar un corredor logístico para las multinacionales. Carretera que atraviesa la Reserva Forestal Protectora de la Cuenca Alta del río Mocoa y los territorios ancestrales de los pueblos Inga y Kamentsá.

Todo es cuestión de conectividad.

En los relatos que se escuchan, cuentan que, a finales de la década de los ochenta, había comunidades campesinas que, en un acto de resistencia, escondían piezas de maquinaria o herramientas, llevándose consigo pedacitos de cobre que salía de esas montañas. Legado que se mantuvo décadas después, cuando los líderes comunales insistían en no dialogar con las mineras, y que tuvo su estallido un 24 de marzo de 2025, cuando la comunidad en manifestación pacífica y permanente impidió durante 47 días el paso de obreros y maquinaria hacia las montañas. Así nació la Carpa de la Resistencia.

Carpa de la Resistencia

¡ Paz en las montañas y el cobre quieto en sus entrañas !

Extracto de conversación con una de las lideresas de la Carpa de la Resistencia:

“ La empresa dice que viene a generar empleo, obras para las comunidades, aportar a lo social. Pero eso es mentira. No les importa el bienestar de las comunidades. Llegan con mentiras, engaños.

Primero nos estudian a nosotros. Nos dan un tiempo en conocernos, nos llaman a encuentros de vecinos con un café. Aquí llegaron así, prometiendo cantidad de obras: -Pidan lo que quieran que les damos. Incluso aquí en la comunidad de Pueblo Viejo se hicieron 17 peticiones a ellos, porque ellos nos la prometieron: arreglar la vía, el puesto de salud, empleo, apoyar emprendimientos, bueno… una cantidad de cosas… pero cuando ya se les va a pedir: - No hay plata. -No podemos, y así mantienen, ahí pierden la credibilidad. Están jugando con nosotros. Aquí somos testigos de esto y por eso fue que iniciamos primero una manifestación en la carpa de resistencia, recuerdo que fue el 24 de marzo de 2025, iniciamos por incumplimiento, exigiendo las peticiones prometidas. Pero comenzamos a pensar, si nos mienten ahora qué habrá detrás, que será todo ese trabajo que dicen que van a hacer allí arriba en la montaña, ahora nos dicen que todo es limpio, que no van a contaminar. Pero, también, nos pueden mentir. Y a nosotros nos vale más el agua en las veredas. El agua es la vida. Allá en esas montañitas nace la vida, allá de donde nace nuestra vida es donde está la mina de cobre.

Así que dijimos, no vamos a permitirle más a esa empresa que siga haciendo de las suyas, no podemos permitir eso. Detrás de nosotros vienen sobrinos, nietos, niños, inocentes, ¿qué les vamos a dejar? Todo destruido y cuando comiencen a explotar ese cobre, se va a llenar esto de grupos armados, eso es lo que se viene. Y qué, vamos a decir a quienes se quedan, guardar silencio, nadie podrá decir nada, saldrán desplazados por la violencia, porque no habrá naturaleza, todo estará contaminado, no habrá agua. Aquí no habrá vida, solo destrucción. Lo que trae Libero cobre es la destrucción.

Al principio estábamos convencidos porque nos permitían mucha piscología barata, eran como la autoridad que nos viene aquí a salvarnos la vida, pero eso no es así, por eso estoy contenta con la comunidad de Pueblo Viejo que recapacitó a tiempo y que logramos por lo menos iniciar con una manifestación, llamar a ambientalistas, todos lo sectores que vienen luchando, que nos apoyara para cerrarle el paso a la empresa de Libero Cobre. Fue difícil pero iniciamos. Porque además ellos todo lo arreglan con plata, compran periodismos, conciencia, todo lo pueden comprar, políticos, comercios. Y es duro pelear con la empresa. Hicimos llamado de auxilio para que nos vengan a apoyar quienes aman el territorio. No vamos a permitir que lo destruyan.”

7.

Colonialismo a través del tiempo

El olvido que no es lo mismo que guardar silencio, ejerce un control sobre lo comunitario. Su uso permite una única historia oficial con ciertos momentos épicos y con el borrando de la cruel realidad detrás de los sucesos. Los archivos luchan contra ese olvido, y aunque todo archivo institucional carga con el mandato de legitimación de las autoridades oportunas, se pueden leer a contrapelo, rescatando voces, sabiendo que estos no dejan de ser fragmentos de una memoria que nunca estará completa, sino sujeta a interpretaciones y selecciones. Hay archivos institucionales, pero también de los afectos, más íntimos y cotidianos, conscientes de su ubicación y de los sedimentos que los componen. Y archivos, en los que es la tierra la que reclama ser contada: territorios en disputa y cuerpos humanos y no humanos que, en constante relación e irresuelta compañía, son el presente donde hoy se asienta la memoria.

Memorias del tiempo del caucho –

En los informes, en las narrativas, en los documentos y en los testimonios de funcionarios y otros actores de los tiempos del caucho, quienes habitaban esos territorios amazónicos y quienes migraron allí para trabajar, solo hablan con sus cuerpos violentados, ejecutados, mutilados, torturados y explotados por los patrones. Tan sólo cuerpos.

Objetos de compasión y observación, sumisos con miedo, algo así como “nobles salvajes” para Roger Casement, el diplomático que viajó en canoa por los ríos de la planicie amazónica documentando el genocidio del caucho, para redactar las atrocidades de este comercio en su Libro Azul Británico del Putumayo. “Traicioneros y salvajes” así los percibió -según el profesor Juan Álvaro Echeverri-, Eugène Robuchon, el geógrafo francés contratado por la Casa Arana para cartografiar y fotografiar sus territorios, dotando de contenido la propaganda comercial de esta empresa criminal. “Caníbales a ser civilizados” para la Casa Arana u “objetos de descripción etnográfica” para Thomas Whiffen, el militar y antropólogo británico que también viajó la Amazonía en esa época, publicando El Amazonas Noroccidental: notas de algunos meses pasados entre tribus caníbales.

Precisiones matemáticas: Entre 1890 y 1920 aproximadamente, la llamada fiebre del caucho se apoderó de la Amazonía. Explotación forestal para obtener goma elástica (caucho, shiringam jebe, balata…) de diversos árboles, principalmente Hevea Brasiliensis y Castilloa ulei, con el fin de exportarlas hacia Estados Unidos y ciertos países europeos para abastecer la naciente industria de llantas neumáticas, inicialmente para bicicletas y posteriormente para automóviles.

En 1888 se exportaban globalmente 13.926 toneladas de jebe y 1.054 toneladas de caucho propiamente dicho. En 1890, estas cantidades habían aumentado a 23.947 y 2.746 toneladas, respectivamente.

En 1820 se estimaba el total de los habitantes de la cuenca del Amazonas en 137.017 personas; hacia 1870, en 323.909; en 1900 la cifra estimada fue de 695.102; y, para 1910, sobrepasó el millón de habitantes.

No hay claridad de qué método se utilizaban para contar, ni quiénes eran contados.

La población indígena fue reducida tal vez a menos de un décimo entre los años 1900 y 1930, y los supervivientes fueron reasentados forzosamente sobre el río Putumayo y más al sur. En 1908 T. Whiffen calculó en 2.000 la población de etnia muiname. En 1993, el censo de esta misma población no alcazaba las 150 personas.

¿Existen otras maneras de archivar/ curar/ preservar el pasado?

La historia que cuenta Juan Álvaro Echeverri es cómo un grupo de descendientes que sobrevivió al auge cauchero se refieren a las memorias de este tiempo como el canasto de las tinieblas, en contraste con el canasto de la vida. A este último pertenece la ética del trabajo, la crianza, la producción de comida, la celebración de rituales, entre otros. Aquí, está también “la palabra de tabaco y coca, con la cual los mayores cuidan e incrementan la vida”, el rafue. Y a este canasto pertenece también el discurso público, político y ceremonial que enfatiza los rasgos comunes entre los diferentes pueblos.Por el contrario, en el canasto de las tinieblas se mantienen las diferencias étnicas que generan conflictos del pasado, rivalidades, brujería… Aquí se guardan las historias que tratan de destruir y pervertir la humanidad, los legados de violencias pasadas. Relatos, en los que la época del caucho es apenas una capa más de este gran Canasto. Canasto que se mantiene sellado, silenciado, porque sus historias, “representan el peligro de la guerra y la destrucción, son sus “arsenales nucleares”, como la gente dice”. Pero los canastos se trenzan, permitiendo la existencia de pequeños orificios donde el aire puede pasar, hay entrada y, hay salida.

Memorias del tiempo del Instituto Lingüístico de Verano -

El Instituto Lingüístico de Verano (Wycliffe Bible Translators, misión evangélica de los EEUU), SIL (por sus siglas en inglés), fue uno de los principales facilitadores de la explotación petrolera en la Amazonia. Nació y se expandió durante la llamada Guerra Fría, siguiendo los intereses de los EEUU. Financiado por la Agencia de Inteligencia, CIA, y por la Agencia de Estados unidos para el Desarrollo Internacional, USAID, entre otros, fue clave como mecanismo para integrar regiones remotas en la economía global. Fue uno de los grandes aliados de los regímenes militares latinoamericanos apoyados por los EEUU. Contaba con su propia red de aviones, conocida como JAARS, Jungle Aviation and Radio Service. Mientras elaboraban cientos de cartillas de lectura y escritura.

En 1952, SIL llegó a la Amazonía ecuatoriana, a través de la base área de Shell. Durante más de tres décadas pusieron en marcha una “campaña infatigable para pacificar y civilizar a los grupos indígenas, particularmente a los waoranis, abriendo camino para el boom petrolero de Ecuador, que se inició con la llegada de Texaco-Gulf en 1964. Para las corporaciones petroleras, Sil operó como fuerza pacificadora para contener la resistencia de los grupos indígenas que intentaban impedir la invasión de sus territorios ancestrales”.

La primera base de la Texaco se estableció en los márgenes del río Aguarico, Lago Agrio, cerca de la frontera colombiana. Durante los 26 años de operaciones en Ecuador (en 2021 se incorporó a la multinacional Chevron) vertió “deliberadamente miles de millones de galones de desechos tóxicos directamente a los suelos y arroyos de la Amazonía”, generándose contaminación en tierras y aguas, enfermedades y muerte. Con el fin de ganar más, cavó casi 900 fosas a cielo abierto sin aislamiento para los desechos, distribuidas alrededor de 330 pozos petroleros diseminados por la región, lo que abarca un área aproximada de 440.00 hectáreas de selva ecuatoriana. Los efectos de este sistema tras tres décadas provocaron uno de los desastres más graves de ecocidio del siglo XX. (Datos: Selva jurídica de Úrsula Biemann y Paulo Tavares).

8.

Escrituras del corazón

TEXTO EN CONSTRUCCIÓN

*

Palabras que afloran de un nido en la garganta

Existe una palabra guaraní: nido de las palabras-alma, sobre el que la autora brasileña Suely Rolnik reflexiona al hacer referencia a como los embriones de palabras emergen de la fecundación del aire del tiempo en nuestros cuerpos en su condición de vivientes y que, en este caso, y solo en él, las palabras tienen alma, el alma de los mundos actuales o en germen que nos habitan en esta condición nuestra. Que las palabras tengan alma, agrega, y que el alma encuentre sus palabras es tan fundamental para los gauranies que consideran que la enfermedad, sea orgánica o mental, viene cuando estas se separan –tanto que el término ñe’e, el cual usan para designar “palabra”, “lenguaje” y el término anga, que usan para designar “alma” significan ambos “palabra-alma”.

En los tiempos actuales, para que la vida recobre un equilibrio, el nido tiene que ser cuidado. ¿No será ese el trabajo del pensamiento propiamente dicho? ¿No estará exactamente en eso su potencia micropolítica? ¿No será eso lo que define y garantiza el cuidado? ¿Y, en sentido más amplio, no será eso en lo que finalmente consiste el trabajo de una vida, de cuidar una cuenca?

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La elaboración de este dosier de trabajo en construcción contó con el apoyo de la Residencia de Creación e Investigación Artística – INCIPIT, la cual fue posible a partir de la colaboración entre Cidade da Cultura de Galicia, XEITO – Laboratorio de Creación Etnográfica, del Institute of Heritage Sciences (Incipit) e HydroCommons. (Junio 2026, Santiago de Compostela, España).

HydroCommons es un proyecto de consolidación investigadora — Ayuda CNS2023-143561 financiada por MICIU/AEI/ 10.13039/501100011033 y por la Unión Europea NextGenerationEU/PRTR

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