El futuro es un trazo
en este mapa herido de país,
en el que las huellas de la violencia quedaron trazadas,
en el que vivimos a partir de las ausencias,
en el equilibrio de sobrevivir desde lo que se percibe
pero no se alcanza a ver.

El futuro es un trazo
en este mapa herido de país,
en el que las huellas de la violencia quedaron trazadas, en el que vivimos a partir de las ausencias, en el equilibrio de sobrevivir desde lo que se percibe pero no se alcanza a ver.

SIN CESAR 2
SIN CESAR 2

SIN CESAR es el primer libro de la Editorial Entrelazando. 
Una novela-documental, conceptualizada como un transmedia analógico, que narra y relaciona distintas violencias en el departamento del Cesar, ubicado al noroeste de Colombia. 

SIN CESAR es el primer libro de la Editorial Entrelazando. 
Una novela-documental, conceptualizada como un transmedia analógico, que narra y relaciona distintas violencias en el departamento del Cesar, ubicado al noroeste de Colombia. 

La voz se precipita hacia su silencio si no hay una escucha que llama, reclama, canta o añora escuchar la palabra obstinada. Esa que pone las heridas del tiempo. Esa que narra.

Indagar sobre las violencias es abrir las puertas a muchas preguntas, silencios y respuestas que pueden terminar siendo un revés en la memoria de esas historias que necesitan ser dichas. SIN CESAR es una de esas historias.

La voz se precipita hacia su silencio si no hay una escucha que llama, reclama, canta o añora escuchar la palabra obstinada. Esa que pone las heridas del tiempo. Esa que narra.

Indagar sobre las violencias es abrir las puertas a muchas preguntas, silencios y respuestas que pueden terminar siendo un revés en la memoria de esas historias que necesitan ser dichas. SIN CESAR es una de esas historias.

SIN CESAR 3
SIN CESAR 1

Un ensayo visual y literario, que relata en un juego de voces lo que fue el encuentro con el campesino que vio los cuerpos de tres jóvenes ejecutados extrajudicialmente por el Ejército colombiano en el 2008. Así comienza, situado en unas coordenadas concretas en el municipio de El Copey (Cesar), para desde allí ir recorriendo espacial y temporalmente un territorio herido desde hace décadas por el despojo, el monocultivo extensivo de palma africana, la minería del carbón, el despotismo político y el exterminio social. Lo que nos permite narrar esas ejecuciones extrajudiciales no como un acontecimiento puntual sino como la suma de violencias sistemáticas que golpean a todo el país. Un recorrido que nos lleva a mayo de 2018 cuando se procedió a la búsqueda de esos tres cuerpos, a partir de una exhumación, y que termina en julio de 2020 cuando las excavadoras, en ese mismo cementerio, fracturaron los huesos de quienes esperaban ser encontrados al cavar nuevas fosas, esta vez para los muertos del COVID-19.

Un ensayo visual y literario, que relata en un juego de voces lo que fue el encuentro con el campesino que vio los cuerpos de tres jóvenes ejecutados extrajudicialmente por el Ejército colombiano en el 2008. Así comienza, situado en unas coordenadas concretas en el municipio de El Copey (Cesar), para desde allí ir recorriendo espacial y temporalmente un territorio herido desde hace décadas por el despojo, el monocultivo extensivo de palma africana, la minería del carbón, el despotismo político y el exterminio social. Lo que nos permite narrar esas ejecuciones extrajudiciales no como un acontecimiento puntual sino como la suma de violencias sistemáticas que golpean a todo el país. Un recorrido que nos lleva a mayo de 2018 cuando se procedió a la búsqueda de esos tres cuerpos, a partir de una exhumación, y que termina en julio de 2020 cuando las excavadoras, en ese mismo cementerio, fracturaron los huesos de quienes esperaban ser encontrados al cavar nuevas fosas, esta vez para los muertos del COVID-19.

SIN CESAR es una propuesta política formulada desde el lugar de la escritura y la fotografía para denunciar las violencias del pasado que siguen presentes en los territorios del horror que conforman el mapa herido de Colombia. El libro se compone de una serie de escritos en distintos momentos temporales cuya unidad viene establecida por el relato novelado de quienes sobreviven a esas violencias y por la crítica contra las condiciones que las hacen posibles. Enfrentando al lector o lectora con el interrogante que persigue a todo aquél que haya experimentado lo que se vive en Colombia, ¿y ahora qué?

SIN CESAR es una propuesta política formulada desde el lugar de la escritura y la fotografía para denunciar las violencias del pasado que siguen presentes en los territorios del horror que conforman el mapa herido de Colombia. El libro se compone de una serie de escritos en distintos momentos temporales cuya unidad viene establecida por el relato novelado de quienes sobreviven a esas violencias y por la crítica contra las condiciones que las hacen posibles. Enfrentando al lector o lectora con el interrogante que persigue a todo aquél que haya experimentado lo que se vive en Colombia, ¿y ahora qué?

La escritura se teje a partir de testimonios, indagaciones históricas y de archivos, fotografías, perspectivas teóricas y nuestra propia experiencia en el territorio a modo de testigos, hilvanando así una narrativa que no trata de tomar la voz, ni de dar voz a las voces existentes por sí mismas. Para lo cual se emplea un lenguaje, que es la suma de muchos, con el que nos hemos ido reconstituyendo y con el que hacemos presente. Con el que nos enfrentamos a ese silencio que todo lo sepulta pero que también nos trae una forma distinta de conversar. 

Y en ese confluir de lenguajes hacemos uso de láminas histológicas, porque nos permiten develar una cartografía herida cuando al ampliar los trazos de la muerte celular, ponemos nuestros cuerpos para entender la violencia en los territorios. Láminas que están en la portada, en las guardas y acompañando a las definiciones que marcan los temas que abren cada uno de los capítulos, CESAR, EJECUCIÓN, ENTERRAR y ARCHIVAR. Y que requieren a su vez de la necesidad de lo macro, para lo que nos valemos de imágenes satelitales mostrando lo que desborda las páginas, esas inmensas plantaciones de palma africana y minas de carbón que no se contienen con una simple mirada. Igual que los nombres de los asesinados. Líneas inabarcables, materializadas en listados de fechas, nombres sobre nombres de un dolor que resulta inexpresable.

La escritura se teje a partir de testimonios, indagaciones históricas y de archivos, fotografías, perspectivas teóricas y nuestra propia experiencia en el territorio a modo de testigos, hilvanando así una narrativa que no trata de tomar la voz, ni de dar voz a las voces existentes por sí mismas. Para lo cual se emplea un lenguaje, que es la suma de muchos, con el que nos hemos ido reconstituyendo y con el que hacemos presente. Con el que nos enfrentamos a ese silencio que todo lo sepulta pero que también nos trae una forma distinta de conversar. 

Y en ese confluir de lenguajes hacemos uso de láminas histológicas, porque nos permiten develar una cartografía herida cuando al ampliar los trazos de la muerte celular, ponemos nuestros cuerpos para entender la violencia en los territorios. Láminas que están en la portada, en las guardas y acompañando a las definiciones que marcan los temas que abren cada uno de los capítulos, CESAR, EJECUCIÓN, ENTERRAR y ARCHIVAR. Y que requieren a su vez de la necesidad de lo macro, para lo que nos valemos de imágenes satelitales mostrando lo que desborda las páginas, esas inmensas plantaciones de palma africana y minas de carbón que no se contienen con una simple mirada. Igual que los nombres de los asesinados. Líneas inabarcables, materializadas en listados de fechas, nombres sobre nombres de un dolor que resulta inexpresable.

Diseño y Edición: Ariel Arango y Laura Langa
Investigación: Laura Langa y Ariel Arango
Fotografía: Ariel Arango
Escritura: Laura Langa
Montaje: Ariel Arango

© Entrelazando S.A.S
Primera Edición. 50 ejemplares (AGOTADA)
Impreso en España, Octubre 2020. 

Segunda Edición. 100 ejemplares (AGOTADA)
Impreso en Colombia, Marzo 2021. 
Tercera Edición. 250 ejemplares 
Impreso en Colombia, Noviembre 2021. 
Depósito Legal Z 1561-2020
ISBN 978-84-09-25658-7

1º edición:
Medidas:
 20 x 15 cm. / Peso: 350 gr. / 
173 páginas impresión inkjet  / 31 fotografías de autor (10 a doble página). /3 cuadernillos internos. / Tipos de papel: papel blanco silky touch, ultra bright de 160 g/m2; papel reciclado gris 80 g/m2; papel kraft 90 g/m2; papel color rojo 80 g/m2; papel verjurado crema 120 g/m2; papel carbón 25 g/m2; papel pergamino 160 g/m2; papel hecho a base de fibras de algodón blanco y beige 80 g/m2; y papel fotográfico 10 x 15 180 g/m2. / Tapas semiduras 300 g/m2 con repujado / Guardas en papel kraft 90 g/m2. / Encuadernación encolado
 
2º y 3º edición 
Medidas: 20 x 14,3 cm. / Peso: 350 gr. / 173 páginas impresión inkjet. / 31 fotografías de autor (10 a doble página). /3 cuadernillos internos. / Tipos de papel: Earth Pact de 90 g/m2; papel  Favini  – Crush oliva 120 g/m2  *;  papel Kraft 90 g/m2; papel Iris Rojo 80 g/m2; papel Rives Design texturizado natural 120 g/m2; papel carbón 25 g/m2; papel elaborado a base de fibras orgánicas, Yashima Wheate amarillo 120 g/m2; y papel fotográfico brillante 10 x 15 130 g/m2. / Tapas semiduras 300 g/m2 con repujado / Guardas en papel kraft 90 g/m2. / Encuadernación cosida artesanalmente con hilo rojo.

* Crush tiene la certificación FSC ™, se produce con EKOenergía, no contiene transgénicos, contiene un 40% de desechos reciclados posconsumo y da como resultado una reducción del 20% en la huella de carbono.

Diseño y Edición: Ariel Arango y Laura Langa
Investigación: Laura Langa y Ariel Arango
Fotografía: Ariel Arango
Escritura: Laura Langa
Montaje: Ariel Arango

© Entrelazando S.A.S
Primera Edición. 50 ejemplares (AGOTADA)
Impreso en España, Octubre 2020. 

Segunda Edición. 100 ejemplares (AGOTADA)
Impreso en Colombia, Marzo 2021. 
Tercera Edición. 250 ejemplares 
Impreso en Colombia, Noviembre 2021. 
Depósito Legal Z 1561-2020
ISBN 978-84-09-25658-7

1º edición:
Medidas:
 20 x 15 cm. / Peso: 350 gr. / 
173 páginas impresión inkjet  / 31 fotografías de autor (10 a doble página). /3 cuadernillos internos. / Tipos de papel: papel blanco silky touch, ultra bright de 160 g/m2; papel reciclado gris 80 g/m2; papel kraft 90 g/m2; papel color rojo 80 g/m2; papel verjurado crema 120 g/m2; papel carbón 25 g/m2; papel pergamino 160 g/m2; papel hecho a base de fibras de algodón blanco y beige 80 g/m2; y papel fotográfico 10 x 15 180 g/m2. / Tapas semiduras 300 g/m2 con repujado / Guardas en papel kraft 90 g/m2. / Encuadernación encolado
 
2º y 3º edición 
Medidas: 20 x 14,3 cm. / Peso: 350 gr. / 173 páginas impresión inkjet. / 31 fotografías de autor (10 a doble página). /3 cuadernillos internos. / Tipos de papel: Earth Pact de 90 g/m2; papel elaborado por Favini (Italia) – Crush oliva 120 g/m2  Crush tiene la certificación FSC ™, se produce con EKOenergía, no contiene transgénicos, contiene un 40% de desechos reciclados posconsumo y da como resultado una reducción del 20% en la huella de carbono; papel Kraft 90 g/m2; papel Iris Rojo 80 g/m2; papel Rives Design texturizado natural 120 g/m2; papel carbón 25 g/m2; papel elaborado a base de fibras orgánicas, Yashima Wheate amarillo 120 g/m2; y papel fotográfico brillante 10 x 15 130 g/m2. / Tapas semiduras 300 g/m2 con repujado / Guardas en papel kraft 90 g/m2. / Encuadernación cosida artesanalmente con hilo rojo.

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AGOTADO

Un eco que no cesa
Resuena. Se expande. Se agranda
¿Ves la herida?
¿El origen del eco?
Coloca la mano. Sientes el pálpito. El pánico
¿Te interpela?

Sigue la herida sin cesar

PRESENTACIONES

  • 01.12.2023. / INCIPIT Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Sin Cesar o ¿Cómo trasladar el universo de la investigación a la experiencia táctil del lector/a?. Santiago de Compostela. España
  • 01.12.2023 / O Gabinete EspacioCultural. Santiago de Compostela. España.
  • 16-19.02.2023 / TROPIC BOUND Miami´s First International Artists Book Fair. EE.UU
  • 15.09.2022 / Primer Encuentro del Grupo Regional América Latina del MSA (Memomry Estudies Association) “La construcción de memoria en/desde América Latina y el Caribe. Centro de Memoria Paz y Reconciliación. Bogotá, Colombia.
  • 14.07.2022 / Escuela de Cine y Fotografía Zona Cinco. Bogotá, Colombia.
  • 30.06.2022 / Facultad de Artes Universidad del Cauca, Audiotoria Rafael Maya. Popayán, Colombia.
  • 17.03.2022 / Facultad de Ciencia Política y RR. II.  Universidad Católica de Córdoba, Argentina.
  • 15.03.2022 /Archivo Provincial de la Memoria (Ex D2), junto a Mariana Tello Weiss. Córdoba, Argentina.
  • 25.02.2022 / Muestra La Violencia en el Espacio. Museo Sitio de Memoria ESMA. Buenos Aires, Argentina.
  • 4.12.2021 / Lanzamiento 3ra Edición. Centro de Memoria, Paz y Reconciliación. Junto a Luz Marina Bernal y Juan Felipe García Arboleda. Bogotá, Colombia.
  • 31.07.2021 / Libreria La Valija de Fuego.Junto a Luz Marina Bernal. Bogotá, Colombia.
  • 6.05.2021 / Exposición fotográfica y lanzamiento 2da Edición. Casa Galería Jauría. Bogotá, Colombia.

LUGARES DE CONSULTA Y COLECCIONISTAS

  • Archivo Provincial de la Memoria. Córdoba, Argentina.
  • Biblioteca Municipal de Zaragoza. España.
  • Museo Popular de Siloé. (Kr 52 entre Dg 50 y 51) Cali. Colombia.
  • Café Bar El Chibcha. La Casa de Homero. (Cl. 12d #3-76), Bogotá, Colombia.
  • Escuela de Cine y Fotografía Zona Cinco. Bogotá. Colombia
  • Booklyn. (Artists, Libraries and Social Justice). 140 58th Street Bldg B-7G Brooklyn, EE.UU.
  • Duke University. EE.UU.
  • Ohio University. EE.UU.
  • Smith College. EE.UU.
  • University of California, Irvine (UCI). EE. UU.
  • University of California, San Diego (UCSD), Art Library. EE.UU.
  • Intituto HEGOA. Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional. Bilbao. País Vasco.

RESEÑAS

Revista de Antropología – Disparidades
( Consejo Superior de Investigaciones Científicas CSIC. España )

SIN CESAR O LA ETNOGRAFÍA VUELTA TEMBLOR
por Ernesto García Lopez.


En uno de sus libros más estremecedores el poeta Antonio Gamoneda (2003: 120) (quizá trayendo al presente una infancia de miedo y pobreza) cantaba: «Así es la edad del hierro en la garganta. Ya / todo es incomprensible. Sin embargo, / amas aún cuanto has perdido». Esa ambivalencia del recuerdo, del amor por un tiempo pasado, la ternura incluso, y al mismo tiempo la constatación de que ese instante ausente estaba poblado de hierro y crueldad, hacen de estos versos un deslumbramiento para el lector. Pero lo hacen, sobre todo, gracias a un tanteo de la escritura, una búsqueda problematizadora de su límite, como práctica de lo sensible, tensado del idioma que revela la auténtica dimensión del ser humano que lo forja. Es en el envite feroz del lenguaje encarnado (y sus valencias contradictorias) donde se carga de potencia expresiva.

Pues bien, de alguna manera este mismo espíritu hace presencia, a mi juicio, en Sin Cesar, un libro-objeto que es el resultado de una visión de mundo, omnicomprensiva, cuya legibilidad antropológica se dirige hacia la terrible experiencia de la violencia política en una zona del noreste colombiano, que Laura Langa Martínez y Ariel Arango Prada han convertido en cuerpo dentro del sello editorial Entrelazando, que ellos mismos decidieron poner en pie.

Y digo «visión de mundo» porque no se trata de una monografía antropológica al uso. Algo así como la traducción académica de una investigación académica cuyo horizonte académico fuera un artículo de revista científica o un volumen incrustado en una colección orientada al público académico. No. Sin Cesar es una apuesta por ir más allá, por perseguir otra noción de audiencia, por hacer dialogar (contagiosa y valientemente) una pluralidad de saberes sociales, en pos de una antropología orgánica que, sin ser pedagógica, busca encontrarse también con los demás en la (co)presencia epistemológica, en la (co)teorización, en la aprehensión de lo real por medio de distintos medios intelectivos, sin renunciar en absoluto a lo estético, pegada a la experiencia, descreída del púlpito universitario como única fuente de autoridad; donde se entretejan el rigor analítico, la precisión conceptual, el uso metodológico de diferentes estrategias etnográficas existentes (entrevistas, observación participante, archivo, etc.) con la reconstrucción sociológica de las «estructuras del mundo de la vida» (que dirían Alfred Schutz y Thomas Luckmann 2013) y que habitan los sujetos con los que Laura y Ariel han trabajado. Acercarse a esta obra implica tocar el espacio del que se nos habla, empaparse de él, para restituir luego su verosimilitud en tanto «individualidad histórica» (en palabras de Jean-Claude Passeron 2011).

Pero vayamos más despacio. Tratemos de aproximarnos a este libro-objeto con el fin de mostrar su riqueza y, de paso, animar vivamente a su lectura. Sorprende en él, de entrada, las diferentes texturas que lo componen. Encontramos una multitud de soportes que traducen el hilo narrativo, que lo vuelven sustancia, fisicidad, papel. No es un elemento menor ni secundario, en absoluto. Se convierte, probablemente, en una de sus apuestas más decididas, intentar trasladar el espacio y el universo investigado (el Departamento de Cesar, entre las regiones Andina y Caribe) a la experiencia sensible del lector. Abrir sus páginas es acariciar diferentes gramajes de papeles, dotar al cuerpo gráfico de estatuto ontológico, encarnadura de la diversidad humana, de paisajes, ecosistemas, olores, vientos, atardeceres, baldíos, que pueblan toda la obra. Cada cambio de página es también una nueva capa de sentido antropológico. Una breve exploración de un lugar que se nos va revelando poco a poco. Vamos avanzando en la comprensión de los hechos y prácticas sociales allí ocurridos a medida que vamos acariciando con nuestra mano un sinfín de texturas que reflejan el eco de esos mismos acontecimientos. Nunca antes había advertido con tanta fuerza la potencia heurística que encierra un formato y un diseño al servicio del pulso de la escritura etnográfica.

Junto a la heterogeneidad de texturas, encontramos también una miríada de materiales sociológicos: descripciones etnográficas (con un poderoso aliento poético), fragmentos discursivos, documentos procedentes de diversos archivos locales, recortes periodísticos, fotografías, mapas, carteles, restos de conversaciones, transcripciones literales, literatura gris, normas, leyes, frases aisladas leídas o escuchadas en el devenir del trabajo de campo… El archivo se vuelve algo más que un mero recurso investigador en este libro. Es un sujeto social más, un protagonista en sí mismo. El archivo nos habla de gentes que pueblan la vida desde su profundidad histórica, y se vuelve eco inquebrantable (hasta diría idiolecto) de ellas mismas, capaz de mostrar en su compleja relacionalidad los acontecimientos sucedidos. Todo está en movimiento, nada queda completamente estabilizado. La escritura antropológica de Laura y Ariel busca no cerrar el sentido pues todavía hoy constituye una herida abierta y en disputa. La violencia política en Colombia es algo más que un ejercicio de memoria, es también un temblor de presente. Repasar (y tocar de nuevo) esos materiales de archivo que el libro acoge con precisión implica volverlos a pasar por la experiencia, lo cual permite recobrar una latencia que nada tiene que ver con la revisión pasiva de legajos que el historiador de hechos pasados hace en las estanterías de los almacenes administrativos. Visto desde aquí este acopio de materiales es un repertorio infinito, balbuceante, impetuoso, de una violencia (en una remota región de Colombia) que queda pegada a las huellas de su propia crónica.

A la pluralidad física (de papel, de distintas tipologías de información) se le une también otra pluralidad de carácter más conceptual. Me estoy refiriendo a la propia teorización del libro. Sin Cesar va destilando unos hechos sociales dramáticos y su interpretación, utilizando para ello diversos mecanismos cognitivos y sentipensantes. Hay momentos en que el foco analítico se detiene en lo empírico, en la emicidad, en la construcción de datos etnográficos de enorme significatividad subjetiva para los actores sociales mismos. En otros momentos, el corazón de la escritura migra hacia territorios donde el rigor de la teoría despliega sus propias convicciones. Palabras como «Cesar», «Ejecución», «Enterrar», se vuelven la precaria guía (efímera) a partir de la cual se articulan los distintos contenidos de la obra. Recorremos emplazamientos, asistimos a asambleas y reuniones, descubrimos cadáveres, deambulamos por entre los restos de fosas comunes, nos perdemos en el bosque y sus sonidos, conocemos distintas explotaciones mineras, nos topamos con personajes de muy distinta condición, en un sinfín de percepciones que vuelven sensitiva esta etnografía. Pero en todos estos trayectos somos capaces de ir tejiendo poco a poco, a modo de teselas, el mosaico completo de la realidad social, política, económica y cultural de una región marcada por el abuso y la violencia estructural. Es por ello que teorización, emicidad, sensibilidad y rigor intelectual se amadrinan en este texto lleno de posibilidades de lectura.

En antropología se ha hablado mucho de la importancia de la escritura, de la necesidad de problematizar nuestros modos de narrar, con el fin de restituir el canal de comunicación existente entre el mundo de las obligaciones empíricas y el mundo de la producción teórica, su rigor lógico. Una vez tomada conciencia de la puerta falsa que suponía la renuncia posmoderna de toda posibilidad heurística (y que motivó la crisis de representación que vivió y, todavía vive para algunos, la disciplina desde hace décadas), los caminos ahora se reorientan en hacer tangible el «núcleo de la legitimidad antropológica en el propio trabajo de investigación» y en su relación con la «realidad de referencia» (como diría Jean-Pierre Olivier de Sardan 2018: 2-3). Pues bien, Sin Cesar tiene la virtud de ganar su propia legitimidad en el anclaje a lo empírico, al mundo real que se nos cuenta, a ese «haber estado allí» sin renunciar en ningún momento a la propia subjetividad del investigador/a, a sus propias querencias y emociones. Lejos de intentar ocultarlas, se las hace explícitas para que jueguen también un papel epistémico, en una suerte de diálogo intersubjetivo entre los sujetos protagonistas de la historia, los sujetos que la estudian y narran, y los lectores que contribuimos a su reconstrucción por medio de nuestros propios actos intelectivos.

Toda reseña es también una suerte de invitación a la lectura. Hay muchas razones para perderse en Sin Cesar, pero si tuviera, para acabar, que destacar una sería la posibilidad de habitar un mundo social a través de un desplazamiento, por medio de una extrañeza que se vuelve tangible y física en el correr de las páginas, al mismo tiempo que ordinaria y próxima al acabar el libro. Cuando cerramos la última de sus hojas todo un universo moral, político, existencial y ecológico nos puebla la mirada y es ya difícil olvidar que un día estuvimos allí, en el temblor, en el lugar de los hechos.

BAJO EL VOLCÁN.
La Revista del Posgrado de Sociología de la Universidad Autónoma de Puebla (BUAP)

 

SIN CESAR (2ª Edicón)
Por: Daniel Campo Palacios

 

 
Lo mismo que el que sueña una desgracia,
que soñando desea estar soñando,
y así ansía que ocurra lo que ocurre,
me pasó a mí, que me quedé en silencio,
y quería excusarme y no sabía
que al no poder hacerlo ya lo hacía.
Infierno. Canto XXX: 136-141
 
Trataré de explicar por qué el libro Sin Cesar es un talismán. Al mismo tiempo un objeto dotado de voluntad y un instrumento para protegerse del terror. Lo primero es entender que Sin Cesar es algo mucho más que un libro. Su forma-libro es la excusa exacta para canalizar una multiplicidad de voces, imágenes y movimientos que perduran en un ambiente saturado por “análisis” y “narrativas” sobre el “conflicto armado” que suelen sacrificar la sensibilidad en función de las explicaciones. Laura y Ariel lograron algo extraordinario con este artificio mágico, contando una historia de despojo y desaparición forzada en el departamento del Cesar, al norte del Colombia.
 
Entre las muchas formas posibles de acercarse a un hecho tan aberrante como el terrorismo de estado, ellos eligieron tejer. Y el tejido es la clave. En Sin Cesar encontramos un tejido en el que lo vegetal y lo animal se entrelazan, vemos fragmentos e iluminaciones de ese entramado de la vida, donde las conexiones nos llegan con imágenes, textos y texturas. La cercanía de las palabras no es casualidad. Aquí se encuentran la sangre que pervive en la memoria, la corteza con sus cicatrices y el lecho mineral de corrientes prehistóricas.
 
Cada página se abre como un boquete de luz en la oscuridad que desaparece al instante, como eso que Walter Benjamin llamaba “iluminación profana”. Empezando por la portada. En relieve, el croquis del departamento del Cesar y en mayúsculas sostenidas el título del libro. Alrededor, color y figuras. Al principio parece algo familiar: quizás un mapa, quizás una foto satelital, quizás la corteza de un árbol, quizás un charco de sangre. No lo entendemos. Podemos esperar, de aquí en adelante, un camino de descubrimiento.
 
Sin lugar a dudas, los autores –quienes en su independencia controlan la edición, las dimensiones y la fabricación enteras– han pensado cuidadosamente las transiciones, la composición de cada página, el sentido estético y político de cada cambio de hoja. Pensemos por un momento solo en las seis primeras páginas: la sangre/corteza/lecho, la gente en movimiento y la tierra con el cielo. Ya estamos situados, con dos vueltas de página, en el centro de esta historia.
 
Y a medida que seguimos dando vuelta a las páginas, cada uno de estos hilos se tensa y se abre. Las palabras se diseccionan para encontrar sus mecanismos secretos. Primero ocurre con “Cesar”, luego con “Copey” (más adelante con “Ejecución” y finalmente con “Archivar”): texto, imagen, mapa, fotografía. Se han puesto sobre la mesa los elementos primordiales. Y entonces ocurre una transición desconcertante, que se percibe con la mirada y con los dedos: aquí cambia el tipo de papel y el color, abriendo camino al primer capítulo.
 
La prosa lírica de los capítulos, a su vez, también se erige como un torrente de voces, como un montón de raíces que brotan hacia adentro de la tierra (que es la memoria) y buscan al mismo tiempo la superficie fresca (que es la palabra). Se pasa de la primera a la tercera persona en un flujo complejo. Parecen pocas palabras, palabras dispersas, pero cuando comprendemos lo que significa «en el centro siempre la violencia», descubrimos la fuerza de su conjunto.
 
Ahora un hombre se mueve entre gigantescas matas de yuca. En toda la mitad de las dos páginas un hilo rojo le atraviesa el rostro ensombrecido por un sombrero de paja. “Hace falta hablar, el miedo nos roba las palabras”. Es la anticipación del terror que se despeña por las páginas siguientes.
 
Al ser un libro sobre el terrorismo de estado, se enfrenta con el peligro permanente de la banalidad del horror. Pero, ¡gran hazaña!, este no es un informe de memoria histórica. Se trata de algo mucho más importante, algo parecido a la curación.
 
Un papel de fibra cubre dos pequeñas crónicas de mayo del 2018 en dos momentos claves del libro. ¿Por qué? Parece proteger las palabras entre algodones, parecen un velo espeso, como un nudo en la garganta y en la retina que después se suelta sobre un papel grueso y de textura críptica. Nos hablan de la voz y de los cuerpos, la violencia, el engaño, la desaparición y la búsqueda. Es exactamente lo opuesto de la banalidad.
 
La búsqueda. ¿Qué historia nos narran tantos árboles? Son testigos con un lenguaje de otro tiempo, casi imperceptible, solo comunicable por los vestigios de la violencia en sus superficies. Las marcas en rojo, los agujeros de bala, las runas del sol filtrándose entre las altas hojas de una ceiba.
 
Y entonces entra un nuevo elemento a removerlo  todo, nuevos testigos llevando a cuestas también su propio lenguaje. Aquí el archivo se entrevera con lo que ya está andando y adhiere una capa de materialidad a los silencios del relato. Estamos frente a los vestigios de las luchas agrarias, sindicales y obreras, exterminadas para dar paso al progreso. El relato clásico que se repite a cada instante en todas partes del mundo: la acumulación originaria como un proceso permanente.
 
Con un nuevo cambio de papel y un montaje alrededor de un cadáver, nos comunican el hecho incontestable: las “ejecuciones extrajudiciales” son solo el perfeccionamiento de un proyecto político de dominación que lleva décadas. Y lo que le sigue es «inexpresable», en palabras del libro. Doscientos noventaicinco asesinatos cometidos por la Fuerza Pública y los paramilitares en el Cesar desde 1966 hasta el 2011, con nombre y apellido. Seis gruesas páginas de cartulina roja atiborradas de vidas cercenadas.
 
De esta manera llegamos a la mitad del libro y el centro de tanta muerte. La respuesta es calcada de tantas otras partes y de tantos otros momentos: las muchas máscaras del progreso. Para el Cesar son la palma africana y el carbón. En trece testimonios se cuenta la historia de una zona de sacrificio, de cómo se configura el desarrollo que huele a humo y se ve como hileras infinitas de una misma planta. De un lado las luchas obreras por la dignidad; del otro, las Autodefensas Unidas de Colombia, formadas en u niformes impecables. Su victoria fue arrasadora. Lo demuestran las fotos aéreas de las plantaciones de palma y las explotaciones carboneras.
 
La siguiente parte, el capítulo 3, es tal vez la más dolorosa. Pues vemos en un proceso muy íntimo, con poca luz, a blanco y negro, con textos fragmentarios, en un ritmo más lento, un caso concreto del sacrificio humano que exige el capital. De nuevo, la búsqueda. La esperanza de encontrar. Las sospechas, el horror contenido, un ocaso sobre un muro derruido y en su interior laexhumación. “Lo mismo que el que sueña una desgracia…” dice en Infierno, “que soñando desea estar soñando”.
 
“Sigue la herida sin cesar”. Cerrando las últimas páginas del libro, un compendio de titulares grita las palabras burocráticas con que tan bien se disfraza la impunidad. La burocracia, siempre laberíntica, tiene aquí un tinte actual: parecen titulares que podemos ver aún hoy. Pero esto también será pasado. Llegará el momento en que se sientan tan lejanas como las fotos de las movilizaciones sindicales. Serán huellas.
 
¿Esto en qué se asemeja a un talismán? Sin la materialidad del libro, es difícil explicarlo. Pues Sin Cesar hace parte de ese reino literario que Michael Taussig llama “escritura apotropaica”, aquella que se conjura para protegerse de un peligro. Siendo aquí el peligro doble: la violencia paramilitar del progreso y la violencia de la escritura sobre la violencia. Por eso pienso que la potencia de este libro es curativa. Abre un espacio importante para narrar, para escuchar. ¿Cada cuánto nos encontramos con un libro con esta facultad?
 
 

CRÍTICA Y RESISTENCIAS.
Revista de Conflictos Sociales Latinoamericanos.

Edita: Fundación El llano – Centro de Estudios Políticos y Sociales de América Latina (CEPSAL), Córdoba, Argentina.

SIN CESAR: UN GESTO QUE INSISTE, UNA PREGUNTA QUE PUNZA
Por: Paula Grosso

“[…] Los sucesos imperdonables detienen el pasar del tiempo. Aparecen cuerpos. La muerte es un lugar común. La búsqueda no cesa y las respuestas impensadas, no permitidas, son un revés de la memoria. Estamos en el lugar de los hechos” (Langa y Arango, 2021; p.3).

Dos viajeres se adentran en el año 2018 en las tierras del departamento del Cesar, Colombia, documentando, investigando, retratando, – y por qué no, también embelleciendo – lo que queda en la tierra, el cuerpo y la memoria luego de la violencia y el despojo que atraviesan a esta región de manera sistemática. Casi sumergiéndose monte adentro, recorriendo sierras, llanuras, texturas, y otorgando la posibilidad de observar y atinar más agudamente la mirada, Sin Cesar, como la describen sus autores, es una novela – documental que invita a adentrarse a aquello que elles mismes leen como un mapa herido de país. En sus páginas, el lector encontrará fotografías delpueblo campesino, los montes, los campos, los bosques y las milicias presentes en el Cesar, que complementarán la narración, la poesía y los testimonios también presentes.
 
Con el objetivo de recuperar la prosa y la escritura narrativa que caracteriza el registro de les autores, se incluirán en esta reseña fragmentos y relatos del libro como una suerte de introducción poética a los párrafos que les siguen. Esto intenta continuar con la apuesta a otra forma de lectura de los datos, a través de una pausa sensible ante los hechos que se relatan.
 
“Es mayo del 2018. Hace calor y en las tardes llueve. Así fueron esos días en El Copey, donde la vida cotidiana de postal queda diluida por las historias de violencias. Donde la cotidianidad de que todo parece estar bien es un recuerdo” (Langa y Arango, 2021; p. 20).
 
Aparecen en esta novela – documental múltiples registros de distintas voces, sujetos, coyunturas y sucesos históricos. A través de ellos, se vislumbra la ausencia y presencia selectiva de las fuerzas estatales, que en conjunto con las autodefensas devenidas paramilitarismo, han configurado un escenario en Colombia – y específicamente en la región del Cesar – caracterizado por la expulsión y la masacre de las comunidades trabajadoras de la tierra más empobrecidas.
 
El libro comienza con imágenes que retratan campesines y paisajes de la región del César, junto a escritos que hacen énfasis en el despojo y abandono de esas tierras por parte de esas poblaciones. En ese sentido, podría identificarse que el relato comienza con la punta del iceberg; es decir, con la consecuencia última de un entramado anterior más complejo.
 
“Con frecuencia mirar al cielo no tiene descanso. Uno siempre se pregunta después si todo podría haber sido distinto. Saber dónde o cuándo se origina la violencia para frenarla” (Langa y Arango, 2021; p. 45).
 
Como señala Patricio García Pérez (2016), la historia de la violencia privatizada en Colombia y el uso de la violencia como modo de resolución de conflictos, es un hecho recurrente en el país desde su independencia hasta la actualidad. En ese sentido, coincide con otros autores (Castillo, J. V., Castellanos, D. M. y Benavides, C. C., 2022; Gutiérrez Lemús, 2012) en que la emergencia del paramilitarismo y la violencia organizada tiene como base la existencia de un Estado débil, que fue paulatinamente perdiendo el monopolio de la fuerza pública y el control territorial entre los siglos XIX y XX, tornándose incapaz de velar por un orden democrático que procese los conflictos de una manera más pacífica (García Pérez, 2016).
 
Página a página, comienzan a aparecer testimonios junto a fotografías de paramilitares, legislaciones y sucesos políticos importantes, y referencias a las autodefensas colombianas. Éstas últimas, si bien comienzan siendo organizaciones de seguridad y vigilancia privada contra la guerrilla entrados los 60s – consiguiendo su auge porque la población así lo requirió ante las incapacidades de protección de la policía nacional- (Baracaldo Méndez, 2014), su devenir paramilitar las termina alejando de sus objetivos fundantes. En el año 1994, la seguridad privada es institucionalizada y convertida en política de Estado a través del decreto 356, durante la presidencia de Álvaro García Uribe. A partir de ese decreto y de una serie de consecuentes legislaciones, se otorga a las cooperativas de seguridad privada el permiso de portar armas. En ese punto, pueden identificarse las bases que delinean el futuro conflicto en el Cesar.
 
“Yo te daño. Tú me envenenas. Él nos lastima. Nosotros nos deterioramos. A vosotros os contaminamos. Y ellos nos corrompen” (Langa y Arango, 2021; p. 52).
 
Otra característica del libro es la representación del carbón en sus páginas a través de materiales y texturas. Esto no es casualidad, ya que para comprender por qué el departamento del Cesar es escenario de semejante conflicto, les autores advierten que es preciso tener en cuenta la riqueza de sus recursos naturales. En este marco, Bonet (2007) en Gamboa Martínez (2018) relata que entre 1990 y 2005, el departamento del Cesar pasó de ser uno de vocación agropecuaria a uno con orientación minera. A su vez, la ‘minerización’ de su economía fue a la par del desarrollo de proyectos de monocultivos, y es aquí donde podemos ubicar el avance de Indupalma, empresa de cultivo extensivo de palma de aceite que aparecerá en reiteradas ocasiones a lo largo del libro. Entre relatos, comienza a vislumbrarse que la expansión de la agroindustria de palma de aceite e ingreso del capital en la región del Cesar, sólo resultó posible mediante la presencia de la propuesta hegemónica ultraconservadora del paramilitarismo (Castillo, J. V., Castellanos, D. M. y Benavides, C. C., 2022).
 
“ Había pues en el sur del Cesar una violencia generalizada, como se llama. […] Oídos sordos frente a la persecución política que soportábamos, porque eso era, hacía parte de su estrategia de progreso y productividad, porque esta guerra les sirvió como vehículo para superar la crisis, pues las “cargas laborales”, como decían, estaban siendo menguadas con los desplazamientos […] ” (Testimonio anónimo en Langa y Arango, 2021; p. 65).
 

El entramado que se viene describiendo comienza a mostrar los puntos que interaccionan entre sí. Ante el avance del monocultivo y la necesidad de expandir las fronteras agrarias, el despojo de los campesinos del Cesar de sus tierras resultó una estrategia fundamental. Esto, a su vez, produjo la “proletarización del campesinado, motivando la creación de movimientos político – obreros para la defensa de sus derechos laborales” (Castillo, J. V., Castellanos, D. M. y Benavides, C. C., 2022; p. 37). En este escenario es donde ingresan las autodefensas devenidas paramilitarismo; éste último será el principal ejecutor de la descampesinización de la zona, procediendo mediante la masacre, el terror y la violencia en nombre de su “lucha contra la guerrilla” (Castillo, J. V., Castellanos, D. M. y Benavides, C. C., 2022; p. 37). Dicho escenario, será aprovechado tanto por redes de narcotráfico como por élites económicas colombianas que financiarán el paramilitarismo, y sacarán provecho de la persecución de la guerrilla y el despojo de tierras campesinas luego disponibles para su uso. El desenlace es contundente, y ciertas vidas comienzan a estar en la mira.

 
Pero les campesines no serán les úniques. Aparecerán en el libro diversos registros de lo que fue la sangrienta persecución política a toda voz de izquierda que atinó a enunciar la injusticia; aquí la Unión Patriótica resultó blanco principal, sumado a otros movimientos político – sociales y sindicales que fueron víctimas de hostigamientos, señalamientos y asesinatos ante acusaciones de ser miembros de la guerrilla (Castillo, J. V., Castellanos, D. M. y Benavides, C. C., 2022). Y entonces todo cobra sentido.
 
“ En el centro de todo está la violencia. El crimen es el lugar que todo lo ocupa” (Langa y Arango, 2021: p. 84).
 
“¿Y ahora qué?” Es el interrogante que atraviesa como sensación generalizada a quienes hablan sus testimonios, y que les autores recuperan, manifi estan, hacen cuerpo y obra. De esta manera, Sin Cesar se presenta ante sus lectores como un relato sentido, una contra – apuesta a las formas estipuladas que ofrece la academia para comprender los acontecimientos ; una imagen que permanece, un gesto que insiste en recuperar la voz entristecida, la ausencia a través del tiempo, y todo aquello que no encuentra justicia, denuncia, ni respuesta suficiente. Entre sus textos, además, esta novela -documental ofrece particularidades novedosas que permiten al lector interactuar con el libro, detenerse en fotografías y mapas recopilados de distintas maneras, y dar lugar a la curiosidad e imaginación sobre qué puede descubrir allí.
 
Se presenta una pregunta incisiva sobre el porqué de las cosas tal como son, con una nostalgia desbordante y conmovedora de lo que no fue, de lo que podría haber sido, junto a una búsqueda que añora encontrar el punto preciso, el acontecimiento situado, de cuándo y “ cómo fue que se dañó el futuro” (Langa y Arango, 2021; p. 28).
 
“[…] Pero ese sentir desesperanzador se puede fracturar cuando al recorrer el mapa nos encontramos con aquellos y aquellas a quienes las culpas no les persiguen hasta la vejez, aunque sí el dolor impuesto. Y sin ver sus rostros, las decisiones tomadas en sus vidas, nos bastan para entender que la violencia puede cesar” (Langa y Arango, 2021; p. 141).
 
 
 
 

Con frecuencia mirar al cielo no tiene descanso. Uno siempre se pregunta después si todo podría haber sido distinto. Saber dónde o cuándo se origina la violencia para frenarla.

" He leído detenidamente Sin Cesar, observando a detalle cada fotografía, mapa y documento. Lo primero que noté fue un libro que me interpelaba, que me hacía un nudo en la garganta y producía un latir en el corazón que en ciertos pasajes se hacía más fuerte, ¿qué tan cercanos estamos en México de oprobios como estos? Podría enumerar una larga lista de condiciones que nos vinculan, sin embargo, encuentro algo que está en el primer lugar de la lista y que importa enunciar: la esperanza de creer y hacer.
En Colombia como en México, hace mucho dejamos de contar con los dedos las masacres que acontecen, nos percatamos que lo cotidiano era opresivo, no obstante, ahí estaban las voces que resonaban para decirnos que entre los ríos de sangre era posible surcar cada meandro para llegar al otro lado. Y ahí estaban labrando la esperanza las Madres Buscadoras de Sonora, también Las Patronas en el sur; ciertas coordenadas eran puntos de luz en medio de un cielo oscurecido por el rojo de la sangre derramada y desaparecida.
Al sentir Sin Cesar (que no leer, ni observar), encuentro un llamado al retorno. Importa contar aunque nos falten dedos para ello, importa que el corazón nos vuelva a latir, importa urdir otras redes de participación y búsqueda política. Los “nunca más” latinoamericanos son ejes por donde Sin Cesar nos invita a transitar, pero esta vez por los caminos del polvo colorado de Latinoamérica, a través de los sofocantes calores tropicales donde se esconde la tragedia; para ello, requerimos a juicio propio, ojos más lúcidos y oídos más empáticos para caminar colectivamente con aquellas personas a las que fuera de todo tono poético, se les ha negado la justicia y la esperanza.
Sentir en conjunto es un buen punto de inicio. Sin Cesar me invitó a ello durante una fría noche de invierno en Querétaro, pero cercano a este punto hay geografías donde resuena el eco de miles de balas, donde la sangre corre como arroyo para hacerse ríos, lagunas, mares de desvergüenza. ¿Cómo acercarnos a esos contextos? Primero sintamos una experiencia como la del Cesar, como Ayotzinapa, Aguas Blancas, Allende, Acteal. La tierra que pisamos nos grita, volquémonos pues, a la justicia debida.
Muchas gracias por hacerme llegar un ejemplar, lo atesoro
"La lectura de vuestra obra con su dimensión sensorial fue muy grato para mi, es un libro sintiente y esa clase de obras se agradecen y llenan las bibliotecas personales de esperanza. Sigan adelante, que en este tiempo, seguir creando nos salva"
Oscar Ulloa Calzada
Antropólogo Mexicano