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Laura Langa                     Ariel Arango                   Nanu Kübler


Hay una ausencia, un vacío, un sin sentido. Algo en cada ocasión que te alerta de que algo no va bien. Es esa ausencia que rompe la normalidad de la vida cotidiana. Del hogar. De llegar y que él esté en la casa. De esperarle a que llegue. De que el teléfono suene y esté su voz.

Esa espera es un estado en el que contenemos el aliento. En el que todo es incierto. Ese es el estado entre la desaparición y la aparición. El pulso entre la presencia y la ausencia. Angustiosa espera que lleva la búsqueda de un hijo desaparecido. Sensación que nunca dejará de ser dolorosa. Y que seguirá siendo dolorosa cuando la muerte se revele. Cuando el horror de su pérdida nos rasgue el vientre para siempre.

Marcas que gritan que este horror es otra cosa. Que el dolor tiene continuidades.


 

Ellos nos repetían que aparecerían en cualquier momento, que estarían de fiesta. Quédate quieta. No busques. Olvídalo. Pero ¿cómo no íbamos a buscarles? 

Omar Leonardo Triana. Asesinado.

Fair Leonardo Porras. Asesinado.

Jaime Estiven Valencia. Asesinado.   

 

Ellos no imaginaban el amor que tenemos a nuestros hijos.

 


El gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) perfeccionó en cantidad y horror una práctica sistemática de asesinatos que según fuentes se remonta a los años ochenta.  Por lo general uno o varios “reclutadores” con falsas promesas de trabajo engañan especialmente a jóvenes, pero no únicamente, para después entregarlos al ejército quienes los asesinarán y torturarán a cientos de kilómetros de sus hogares. Posteriormente escenifican un supuesto campo de batalla: balean los árboles, les cambian las ropas, les ponen armas o riegan casquillos por los suelos.


Todo un montaje que les permitirá cobrar primas, incentivos e incluso ascensos o periodos vacacionales al declarar que asesinaron en combate a guerrilleros o miembros de bandas narco-criminales. Y todo ello al amparo de directivas, circulares y políticas dictaminadas por el propio gobierno colombiano y el ejército a sabiendas de la Comunidad Internacional.

Actualmente no hay cifra exacta de esta atrocidad, sólo cifras inciertas, incompletas, que no dan cuenta de la realidad vivida. De ese dominio de la muerte sobre el cual el poder ha tomado el control.


 

NOSOTRAS, TERRITORIO QUE HABLA

 

Es una creación colectiva en progreso que busca narrar la memoria desde los recuerdos minuciosos, para denunciar la tragedia histórica que nos remite a la necesidad de contar lo que pasó, de reflexionar.

Una creación intertextual construida desde la fotografía, el audiovisual, la investigación y los relatos en primera persona de tres madres cuyos hijos fueron ejecutados por el ejército colombiano entre el 2007 y el 2008. 

Relatos que revisitan el pasado y consiguen detener, frenar esa sucesión de instantes e imágenes que es el tiempo y apropiarse de las sensaciones que emergen nítidamente. Relatos que se han ido conformando a partir de fragmentos de conversaciones de estos años. Donde aprendimos que no se trata de elegir entre la memoria y el olvido, sino que la disyuntiva está entre permitir que el pasado vuelva a su lugar o que sea una presencia callada en el presente.

Es por ello una creación que apuesta por el pensamiento crítico y el deseo de intervenir en los imaginarios sociales con el fin de entablar un diálogo.

 

¿Cómo convertir nuestros relatos, nuestros testimonios de nuestra experiencia personal en material que pueda servir a otros, en otro tiempo y contexto? ¿de qué manera nuestra forma de comprender estas violencias y compartir el proceso de sobrevivir podría ser de utilidad para otros? ¿ser bálsamo, consuelo y espejo? ¿transformarse en sentido?


Hay algo doloroso, incierto, inquietante que las une. Después de todo tener que luchar contra la impunidad de un Estado, desde la conciencia de lo perdido, te mantiene alerta, como cuando el aire te falta o cuando saltas al vacío.

Amor y rebeldía.

Dolor y rabia digna.

La ausencia es algo inaprehensible para siempre. ¿Cómo amortiguar la tristeza corrosiva de la ausencia? Con el tiempo Lucero comenzó a escribirle y a cantarle. Para poder hablar con él a pesar de que su respuesta nunca estará presente. Nombrar permite la conciencia de la vida. Recordarle.

Lucero es la madre de Leonardo. Él fue asesinado por  miembros del Batallón Pedro Nel Ospina (4º Brigada) el 15 de agosto del 2007. Entonces Leo tenía 26 años y era su único hijo. Vivía en Medellín y su cuerpo apareció en la vereda de Monteloro en Barbosa, Antioquia.  De aquello han pasado casi doce años. Ocho desde que lo encontró.  El dolor sigue estando presente, los tiempos de la experiencia no son los mismos que los tiempos del calendario. Puesto que el presente y el pasado están muy juntos. En su relato, Leonardo toma vida y se le siente cerca.  Lucero pasó casi cuatro años a la espera, buscando, sin saber qué había sucedido. Cuatro años marcados en el calendario. Fueron muchas las negligencias, las complicidades, los abusos… Violencias que permitieron que hoy, once años después, no sepamos exactamente qué sucedió. Leonardo estaba con vida en Medellín, telefoneó a su madre y al día siguiente apareció muerto como NN. Los soldados que lo asesinaron dijeron que era de bandas narcoguerrilleras. Las evidencias revelan que todo fue falso, todo fue inventado.

 

En esos recuerdos hay una noche. La noche en la que él murió. Me acuerdo tanto de esa noche, y es que yo me soñé con él. Lo vi atado de pies y manos, en una casa de madera. Yo subí una escalera y allí lo tenían. Había un mostrador en madera como si fuera una casa vieja. Después unos militares nos llevaron por unos caminos y nos bajaron por otros. Leonardo se quedó allí. Entonces yo salía de nuevo y le estiraba la mano. Él me gritaba: ¡mamá, no me deje acá! ¡no me deje acá! Y me seguía gritando y yo me alejaba por el camino. En ese momento, fue cuando sentí un dolor en mi vientre tan fuerte que me desperté y miré el reloj, más o menos iban a ser las dos de la mañana.  

Leo se me aparece mucho en mis sueños. 

Ahora sé, que ese sueño fue la noche en la que él murió.

 

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Hay revoluciones que estallan, luchas que arden, y también hay revoluciones que suceden, que nadie decretará que un día comenzaron, ni siquiera alguien se tomará el poder, pero si que irán cambiando sensibilidades, maneras de pensar y de relacionarse.

Luz Marina genera una revolución de cómo ser víctima. El poder de la transformación está en su acción.

Ella es la madre de Fair Leonardo. Ella recuerda cada momento, cada detalle, cada fecha, cada cifra con la precisión exacta. El olvido no es parte de ella. El 8 de enero, por encargo de dos reclutadores se llevaron a su hijo de Soacha hasta Ocaña. El 11 de enero entre las 6:30 y las 7:00 de la noche lo entregaron en un reten militar. El 12 fue reportado como “muerto en combate” . Su cuerpo apareció en Abrego. De esto hace ya 11 años. Y seis desde que logró que una sentencia dictaminase que fue un crimen de Lesa Humanidad.

Ella cuenta que dormía casi en la puerta de la Fiscalía en aquel tiempo para conseguir lo que pocos han logrado, una condena. La fugaz satisfacción de que el Estado, en voz de un juez, reconozca que su hijo era inocente y fue asesinado por el ejército. Fugaz porque los militares encarcelados fueron puestos en libertad cinco años después cuando la Justicia Especial para la Paz comenzó a funcionar.

 

Nosotras estamos haciendo la denuncia, ¡estamos buscando a nuestros hijos! ¡Alguien tiene que hacerlo! Y si algún día me desaparecen, me torturan o me asesinan, ya dejaremos un camino forjado para que otras personas lo continúen. 

En este tiempo, una sabe que tiene que dar algo a cambio para que esto se sepa y de lógica que en este caso es la vida de una. Sé que un día me mataran. Pero mi miedo no es a que me maten, sino a perder a otro hijo.

Por eso yo siempre digo que yo parí a mi hijo para mi vida pero el me parió para la lucha.

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Dicen que a la violencia uno se acostumbra,  que mientras más se la mira, menos afecta. Pero la verdad es que uno no se acostumbra jamás. María ha perdido a dos hijos. Dolor en el dolor de tantos. 

 

María es la madre de Estiven Valencia quien fue asesinado el 9 de febrero de 2008 por el ejército colombiano, miembros de la Brigada 15.  Estiven salió de casa, recorrió las calles de Soacha y en algún momento se encontró con sus reclutadores quienes lo entregaron a los soldados. Su cuerpo a los meses apareció en una fosa común en Ocaña, Norte de Santander, junto a otros jóvenes también asesinados. Dijeron que era un guerrillero muerto en combate.

De eso hace ahora 11 años. Y entre medio la violencia se siguió apoderando de su vida. María se vio obligada a exiliarse de Colombia en abril del 2018. Ya otra de sus hijas lo había tenido que hacer años antes. Las amenazas habían comenzado diez años atrás, telefónicamente, papeles bajo la puerta, coches aparcados enfrente de la casa, gente que la seguía, motoristas que la empujaron y verbalmente se lo hicieron notar, hasta que un día de muchos, alguien la apuntó con un arma en casa de su otra hija junto a su nieta. Precipitó su salida.

 

A lo último yo pensaba como en suicidarme. Yo dije pues, ¿qué hago yo?, cuando ya vi que estaba muy acorralada, que no tenía escapatoria, ¿para dónde me voy?, a dónde quiera que vaya me van a perseguir. Entonces yo decía no Dios mío, pues la única será terminar con mi vida en la casa porque que tal que me vaya a hacer alguna diligencia y me echen mano por el camino, me desaparezcan, me llevan, me torturen y que se yo que hagan conmigo, pero lo peor a dónde me van a dejar, me matan y dónde me van a dejar. Mis hijos no van a saber dónde estoy y van a seguir buscándome.

Yo no quería que me buscaran, no quería que sintieran ese dolor, quería que me diera sepultura y ya.


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Usted se lamentará de muchas cosas como madre. 

Usted por un momento hará conjeturas de lo que podría haber hecho. 

Usted repara en aquellas situaciones desgraciadas que cambiaron el futuro de su hijo, las propias y las ajenas.

Usted recordará ese instante en que lo dejo ir. 

Usted llorará una vez tras otra.

Pero usted, como nosotras, sabemos que nuestros hijos, tenían ese infinito de posibilidades de vivir. De seguir con su vida. De recuperarse…

Usted y nosotras sabemos que el Estado nunca debió asesinarles.   

 

RECORRER EL TERRITORIO. RASGAR EL TIEMPO.

 

Leonardo, Estiven y Fair Leonardo nacieron en Bogotá. La misma ciudad a la que llegaron sus madres, Lucero desde Manizales y Luz Marina y María desde el campo de Boyacá. Fair y Estiven crecieron en Soacha. Leonardo en el barrio Kenedy. Ellos tres nunca se cruzaron. Fair fue asesinado en Abrego, Ocaña, Norte de Santander. Estiven muy cerca de él, también en Ocaña. Y Leonardo en Monteloro, Barbosa, Antioquia. Cientos de kilómetros de país recorridos.

 

La violencia gira en torno a la tierra y deja su huella en el territorio.

El despojo. Las trasnacionales. Los grupos armados. La barbarie. Las masacres. El paramilitarismo. La parapolítica. La guerra sin eufemismos. El desplazamiento. El constante estado de guerra que vivimos en Colombia. Todo está relacionado con el territorio y sus recursos. No hay casualidades que expliquen esta violencia.

Por eso la historia debería ser contada en primer lugar por sus protagonistas. Es decir por ellas y por el territorio. Porque ellas como el territorio son los que hablan y desvelan una cartografía de país herido.

 

 

 

Fueron encontrándose las palabras, las imágenes, Nosotras, y fue entonces cuando nos sentamos a escribir este libro.

 

 

Laura Langa                     Ariel Arango                   Nanu Kübler

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EQUIPO EDITORIAL 

Ariel Arango Prada: fotografía y audiovisual

Laura Langa Martínez: redacción e investigación 

Nanu Kübler: diseño gráfico

 

 

Presentación del proyecto en:

  • XVII Congreso de Antropología en Colombia. Cali (Colombia). Julio 2019 (Próximamente)
  • Fotográfica Bogotá 2019 – Encuentro Internacional de Fotografía. Conversatorio Inaugural “La fotografía y la construcción de la memoria”. Bogotá (Colombia). 4 de mayo de 2019.
  • Museo de Antropología. Encuentro “Antropología y memoria histórica: víctimas, políticas y justicia”. Madrid (España). 2 de abril de 2019.
  • Universidad Europea. Conversatorio en el grado de Periodismo. Madrid (España). 1 de abril de 2019.
  • VI Encuentro Universitario de Fotografía “Desde las Resistencias”. Cali (Colombia). 3 de septiembre de 2018
  • Congreso Internacional. “Cuerpos incómodos: violencia masiva, fosas comunes y necropolítica”. Donostia (España). 18-21 de julio de 2018

 

Publicaciones:

  • “Todo proceso creativo no es más que una pregunta. Nosotras. Territorio que habla. Madres ante la impunidad y los crímenes de Estado en Colombia”. Kamchatka. Revista de análisis cultural 13 (Junio 2019) – DOI: 10.7203/KAM.13.12707 ISSN: 2340-1869. (Próximamente) 

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